domingo, 23 de junio de 2024

Preferencias


Siendo yo muy joven, todavía un niño, me dijo mi abuelo paterno un día que me llevó al Parque Grande de Valladolid a ver los pavos reales y a montar en la barca, que yo era su nieto preferido. Yo le contesté al instante, porque ya entonces me gustaban sobremanera los juegos y asociaciones de palabras, que también él era mi abuelo preferido.

No había pasado ni medio mes de aquello cuando enfermó de muerte mi abuelo materno, que vivía en el pueblo y era con el que yo realmente me había criado. Cuando fuimos a visitarle y a despedirnos de él mis cinco hermanos pequeños y yo, que soy el mayor, acompañados de mis padres, me hizo un gesto para que me acercara y, casi sin fuerzas, me susurró al oído que yo era su nieto preferido.

Permanecí callado. No supe qué decirle. Me hubiera gustado contestarle que también él era mi abuelo preferido, pero eso no se lo podía decir porque ya se lo había dicho a mi otro abuelo y mi ingenuidad de niño no concebía una doblez tan gorda. Tal vez no hubiera mentido si se lo hubiera dicho. El caso es que a los pocos minutos expiró sin que yo fuera capaz de decirle nada, como seguramente él estuviera esperando, y me sentí fatal.

Aquel episodio me dejó marcado. Desde entonces sé que no hay que tener preferencias. Por eso no he tenido en toda mi vida más que un amigo, por eso no he conocido más que a una mujer, mi esposa, y por eso acabo de tener una tremenda discusión con ella que no sé si me costará la separación, porque ella está empeñada en tener otro hijo.

No hay comentarios: