José María Bueno publica en la editorial Bohodón su primer poemario, Hasta que nos volvamos a encontrar, que recoge toda su experiencia poética. Os ofrecemos en primicia las palabras del autor que figuran en la contracubierta del libro y un poema a modo de degustación.
A MODO DE ORIENTACIÓN La añoranza convierte la presencia en ausencia nostálgica de un tiempo primordial, cabe en la trastienda de los tiempos, tiempos ignotos, intuidos, amados, nunca encontrados. Por tanto, o convertimos la añoranza en presencia real de lo concreto, de lo sencillo, de lo cotidiano, o paramos la historia grande y la historia chica de todos y cada uno de nosotros, porque hemos anulado la potencia creadora y vivificadora de los gérmenes de vida, de la vida misma. Luego es positivo añorar, luego es positivo añorar...creando. Es así que la vida no viene del recuerdo ni de! encierro melancólico-adolescente, sino de las distintas mutaciones y conversiones de recuerdos añorados en presencias futuras, revertidas a la totalidad cósmica. En consecuencia , del encuentro eterno con el Todo Substancial, inmanente y trascendente al hombre mismo.
SENCILLEZ Yo no tengo la hermosura de la luz, la belleza de la flor ni el canto del ruiseñor.
Yo no tengo la dureza de los montes, la inocencia del gorrión ni la furia del halcón .
Yo no tengo la sencillez de los pobres, la claridad del armiño ni el dulce sueño del niño.
Yo no tengo la pasión por la justicia, la inquietud por la igualdad ni, siquiera, la amistad.
Yo...sólo sé de las grandezas de los días y las noches de esperanza, de los llantos y las risas jubilosos, cuando festejan conmigo.
No hablemos de lo leído, sólo de lo que vimos. Las lecturas harían mucho más largo este panfletillo.
¿Qué fue de aquel hombre que Solo ante el peligro nos tuvo clavados durante 1h y 24 minutos en una butaca de un cine de barrio? Nuestro mundo cambió después de ver a Robin Hood, El sargento York o la carrera de cuadrigas más famosa de la historia. Fort Apache no era solo una cartelera con letras azules sobre un fondo desértico, era algo más, la responsabilidad, la disciplina, la cortesía y otros muchos valores que acompañaban aquel galopar desenfrenado. Para galope el de los Tres lanceros bengalíes y sobre todo La carga de la Brigada Ligera, cuando todos a una azuzábamos nuestras monturas de cartón contra el enemigo invisible que teníamos en el salón. Todos quisimos ser El Cid, el coronel Gordon en Jartum o Morir con las botas puestas y con la muy peinada melena del General Custer. Hasta alguna amiga nuestra quiso ser Juana de Arco sin el consentimiento paterno. Después supimos de Senderos de gloria, por no hablar de lo que nos contaron de Los últimos de Filipinas y que por fin vimos en una reposición largamente deseada. Eran otros tiempos. El Barón Rojo aún hacía cabriolas en el aire de nuestra imaginación. Hoy peinamos canas. Los héroes no han cambiado pero aquellos luchaban por algo convincente, había a veces algún signo de venganza, pero para eso estaba la tijera. Hoy los héroes hacen casi lo mismo, pero no está muy claro el porqué lo hacen. Los malos eran muy malos, pero los de hoy están cargados de una violencia sobrada de desmesura y efectos especiales. Sus valores han ido modelando a esos imberbes a los que hoy damos clases -incomprensibles- de buenas maneras y sentido honesto de la vida. Si queremos saber las razones de tanta sinrazón solo tenemos que ver Daredevil, La masa, Van-Helsing, X-Men, Hannibal Lecter, Spiderman y otros engendros del "saber universal"
El primer disco que tuve y el que más veces he escuchado con diferencia a lo largo de mi vida. La sensibilidad poética de Rosalía interpretada con equiparable sensibilidad musical.
2. Uprising, de Bob Marley.
Un disco completo, pero que se justificaría por una sola canción, Redemption song, de una intensidad emocional que pone de gallina la piel del corazón.
3. Nashville Skyline, de Bob Dylan.
El sonido country de este disco es único e irrepetible. Una delicia.
4. Rabo de nube, de Silvio Rodríguez.
Me gustan sobremanera todos los discos de la “ovejita melosa”, pero especialmente éste por ser el primero que escuché. Cuando menos me lo espero, me descubro tarareando Imagínate o Vamos a andar.
5. Malas compañías, de Joaquín Sabina.
Mira que tiene discos y buenas canciones Sabina, pero en éste está mi preferida, a pesar de que no es muy conocida: Gulliver.
6. Rumours, de Fleetwood Mac.
Perfectas melodías pop en la dulce voz de Christine McVie y Stevie Nicks. Fue número 1 en el 77.
7. True Colors, de Cindy Lauper.
La voz femenina que más me gusta, junto a la de Sade, que no se parece en nada.
8. Gwendal, de Gwendal.
He silbado estas melodías celtas permanentemente desde la primera vez que escuché el disco, allá por el año ¿82?
9. Greatest Hits, de The Drifters.
No podía faltar en este repertorio un disco de soul, y he elegido éste por la simpatía y elegancia de las canciones y por la calidad de las voces de los diferentes vocalistas que han pasado por esta formación (Johnny Moore, Ben E. King, Clyde McPhatter).
10. Al completo, de Madness.
Para concluir, un disco de ská que muestra lo desenfadada y divertida que puede ser la música pop sin dejar de ser emotiva.
Y con esto termino. Espero que las Nuevas Músicas, el Heavy Metal, el Jazz, el Blues, la Salsa, el Folk y Pablo Milanés sepan perdonármelo.
Un tipejo raro capaz de escribir poesía filosófico-moralizante mientras escucha Heavy Metal, capaz de correr un maratón sin entrenar, de hacer 65 Km. de una tacada en el Camino Primitivo de Santiago (el que va por el interior de Asturias) o de pasarse un año recopilando canciones que empiecen por la letra A. En fin, un hombre capaz de todo, que hasta la fecha no ha hecho casi nada (más que vivir).