jueves, 24 de septiembre de 2026

Los que mejor saben dar hostias son los curas

La primera vez que me peleé en el internado fue porque Luisito, La Escabadora, que era un chinche, como yo era pecoso, me dijo que me habían cagado las moscas; y yo le repliqué que a él parecía que le había parido una comadreja, de los dientazos tan grandes que tenía. Entonces me arreó un guantazo y yo le solté dos sopapos y el acometió con tres patadas y yo me fui a darle un cabezazo en las narices y en ese momento entró el padre Gerardo por la puerta y dijo: “¡Quietos ahí!” Y tras fulminarnos con la mirada, esbozó una sonrisa aviesa: “¿Qué? Que os gusta pelearos, ¿verdad? Vale, venga, pues vamos a ello”.

Nos puso al uno frente al otro, como en un duelo del oeste, pero que nos llegábamos con las manos, y nos dijo: “Venga. Os vais a pegar tortazos por turnos a mi orden. Empieza tú”. Y yo le di a Luis un tortazo que era más bien una carantoña, con lo que el fraile me arreó a mí un guantazo sin guante que de caricia no tenía nada. “¡A ver si voy a tener que enseñaros yo cómo se hace! Cuando estabais los dos solos parecía que sí que sabíais. Ahora tú”. Y Luisito me dio un guantazo un poco más fuerte que el que yo le había dado a él, pero que tampoco hacía gran daño, así que el padre Gerardo le arreó un estacazo más fuerte que el que me había dado a mí y a Luis se le vidriaron los ojos, pero no se echó a llorar porque era corajudo, el tío. “Te toca”, me dijo. Y entonces yo, que ya veía por qué página iba la lección, sí que le arreé un buen guantazo, para evitarme el del fraile, como así fue. “Tu turno, majo”, le dijo a Luisito, y Luisito se volvió Luisote, porque era más grande y más burro que yo, y me propinó un zambombazo pistonudo. Así que llegado mi turno le correspondí con igual entusiasmo, que a su vez incrementó el suyo. Y así nos tuvo el fraile, guantazo va del uno y guantazo viene del otro, como si fuera un rosario, hasta completar un misterio, es decir, un padrenuestro y diez avemarías. Menos mal que al quinto nos hizo cambiar el lado de la cara para compensar la rojez y la hinchazón. Acabamos calentitos, tanto de mofletes como de carrillos y orejas, y con la quijada un tanto trastabillada. “¿Qué? ¿Tenéis más ganas de pelea o ya se os han acabao?” Con las orejas gachas y mohínos: “No, no, no…, ya se nos han acabao”, dijimos los dos de mutuo acuerdo. “Pues, hala, castigados sin cenar. A rezar a la capilla durante la hora de la cena”.

Y allá que nos llevó con él y con él rezamos enterita la corona de la Virgen de los Siete Dolores, de la que el padre Gerardo era cofrade, y que, como todos los buenos devotos saben, consta de 7 dolores, empezando por la profecía de Simeón y terminando por el entierro de Jesús, y por cada dolor hay que rezar un padrenuestro y 7 avemarías, o sea, 7 padrenuestros y 49 avemarías; y se remata con 3 avemarías de propina en honor a las lágrimas derramadas por Nuestra Santísima Madre. No estuvo mal. A mí rezar sí que me gustaba por aquel entonces y alguna indulgencia ganaríamos con aquella devoción. Total, la cena de los jueves no valía gran cosa. Solía consistir en una sopa intragable que disimuladamente echábamos en los vasos de aluminio y luego vertíamos por el fregadero sin que los frailes se diesen cuenta, y un segundo plato en el que venían medio huevo cocido, una tira de pimiento rojo de bote, una sardinilla pequeña en aceite, también de lata, a la que de cachondeo llamábamos “tiburón”, y una aceituna sin hueso.

Esa fue la primera y única pelea que tuve en el colegio, porque luego me hice muy devoto y prefería dejarme afrentar antes que recurrir a la violencia. Es una anécdota que hoy en día contamos a medias entre Luis y yo cada vez que quedamos a pegarnos una buena comilona el grupito de amigos de exalumnos de La Saleta y recordamos las trapisondas de unos y otros y las disposiciones del padre Gerardo y la mala leche de Julián, El Uvas, del que otro día os hablaré, porque ese merece enciclopedia aparte.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Y TU QUE MERECERÍAS (Canción pop o rock o balada heavy metal. Para rap o reguetón no sé si vale)


Y tú que merecerías

que todos los días

te escribiesen poesías,

cenas reproches

todas las noches

por cualquier tontería.

Y se te indigesta

el mal humor

de quien te amarga la vida

aunque te haga el amor

a su medida,

de quien no te deja más salida

que la desolación,

de quien es un mal nacido

aunque se crea un señor.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

Y tú que merecerías

todos los días

el cariño y el respeto

que no te da ese cateto,

ese palurdo malhumorado

—¡¿Pero cómo te ha engañado?!—,

cada mañana desayunas

alguna humillación

que te descorazona el corazón

y abre simas y lagunas

en la ternura de tu pasión.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

Y tú que merecerías

que todos los días

te arrullaran con canciones,

no escuchas más que gritos,

insultos y vejaciones

del que lleva los pantalones,

pero no es un hombre de verdad,

sino un cerdo de ciudad

al que llegará su San Martín

y entonces podrás, ¡por fin!,

vestirte como a ti te gusta

y pintarte los labios de carmín

sin que venga el otro con la fusta.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

Y tú que merecerías

que todos los días

te colmasen de abrazos,

te pasas todas las tardes

pagando sus fracasos.

¿Por qué te casarías

con ese cobarde

que controla tus pasos

en vez de darte alas,

que siempre está de malas,

siempre poniéndote lazos?

¿Por qué te casarías

con quien ensucia tu piso,

con quien engulle tu guiso

y no limpia ni su vaso?

¿Alguna vez te quiso?

Si así fue ayer,

te dejó de querer

sin previo aviso.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

Y tú que merecerías

que todos los días

te comieran a besos,

¡qué feliz serías

si no fuera tan avieso

ese patán, ese cafre, ese necio

que te nubla, que te amarga,

que, aunque tiene un buen cargo,

es para ti una carga,

ese bruto que te embarga

el futuro,

ese inmaduro

imposible de sufrir,

que no tiene dos dedos de frente

y te avinagra el presente

y te niega el porvenir.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

Y tú que merecerías

recibir todos los días

amor a borbotones,

amor sin condiciones

ni complicaciones,

te ves enredada ahora

en poner la lavadora

con la muda sudada

de ese tirano

que te quiere siempre a mano,

que te quiere de criada

y de puta particular,

que nunca supo amar;

y aunque te dijo: “Te amo”

para que acudieras a su reclamo,

ahora se le ve el plumero

de que no era amor verdadero

y ya no te puede engañar.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

Y tú que merecerías

todos los días

que te regalasen flores,

pides en silencio auxilio

mientras purgas sinsabores

en la cárcel de tu domicilio

y aguantas el aguacero

mientras tu carcelero,

que no sabe quererte,

se divierte

sin llevarte a ningún lado,

sin darse cuenta de la suerte

que tuvo al conocerte

ni de que está al borde del abismo

si le dejas tú varado

en la playa de su egoísmo.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

Y tú que merecerías

tener al menos cada día

un par de horas de futuro,

chocas contra un muro,

el muro de las lamentaciones,

la pared de tu cocina.

Por más que reces oraciones

no es la virgen tu vecina

ni parece que esté Dios

claramente de tu parte.

Pero deja de aguantarte

y quítate ya la bata,

libérate del nudo

de su corbata,

déjale desnudo

y dile adiós

al que no sabe amarte

ni tú ya tampoco quieres

porque es el que te mata

y no ve cómo te mueres.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

Tú te mereces

que los ríos lleven peces,

que brillen el sol y la alegría,

y sonreír cada día

un millón de veces.

Tú te mereces

dejar de sufrir,

asomarte al mirador

del porvenir

y que el amor

 ni te hiera ni te mate,

que enamorarse no sea un disparate

que amar no suponga morir.

 

Tú te merecerías

que todos los días

fuesen fiesta de guardar

y pasar

la mañana en el cielo,

la tarde en el mar

y la noche en brazos de un hombre

que susurrase tu nombre

mientras te hace gozar.

 

 

 

 

 

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

Vigidinos S.L.

Usted no se preocupe, señor Monterroso, por la ubicación de su dinosaurio. Contrate nuestros servicios y nosotros le instalaremos al bicho un localizador GPS subcutáneo detrás de la oreja izquierda para que usted pueda dormir tranquilo. Al despertarse, por lejos que se haya ido, usted podrá conocer a través de su teléfono móvil su localización exacta, con un margen de error de 22 cm, que puede llegar como mucho a metro y medio en caso de que se haya metido en una cueva o sumergido en una laguna. Nuestro dispositivo cuenta además con sensores que registran el ritmo cardiaco y la frecuencia respiratoria, a través de los cuales se le notificará a usted, mediante simpáticos emoticones que aparecerán en la pantalla de la aplicación, si su mascota está dormida o despierta, tumbada o corriendo, pastando o defecando, sola o en compañía. Y con una función extra importantísima, con la que aventajamos a todos los aparatos de la competencia, mediante la cual se activará una alarma tanto sonora como luminosa, para que usted pueda intervenir a tiempo si así lo desea, en el caso de que su simpático lagartijo haya entrado en celo y se disponga a copular.


COPLILLAS DE CHICHINABO


 ¡Mira qué cosa más simple,

mira qué cosa más tonta:

que nunca me da a mí el sol

cuando me pongo a la sombra!

 

¡Mira qué cosa más tonta,

más absurda y sin razón:

que si me pongo a la sombra

nunca llega a darme el sol!

 

         

 

A mí me gusta el verano

esos días que hace frío.

¡Qué bien me sabe el invierno

en temporada de estío!

 

A mí me gusta el invierno

los días que sale el sol

¡Qué bien me sabe el verano

cuando no hace ya calor!

 

        

 

No seré yo más que nadie

ni seré menos que alguno.

Por más que intento ser dos,

jamás paso de ser uno.

 

Jamás paso de ser uno

por más que intento ser dos,

y aunque no soy más que nadie

que no me toque ni Dios.

 

        

 

Con el alba me levanto,

al atardecer me acuesto

y no logro ser sonámbulo

por mucho que lo intento.

 

Al atardecer me acuesto,

con el alba me levanto

y no logro estar despierto

ni madrugando tanto.

 

        


Desde que vivo en mi casa

no tengo otro domicilio,

quien me busca en otra parte

¿qué cuentas quiere conmigo?

 

Desde que vivo en mi casa

no tengo otra residencia,

quien me busca en otra parte

¿será que busca pendencia?

 

        


No tengo ganas de nada,

por eso me apunto a todo,

que al batir fuerte las alas

sacaré los pies del lodo.

 

Por eso me apunto a todo

sin tener ganas de nada,

que no hay pájaro que vuele

si no despliega sus alas.

 

        

 

A veces subo pabajo

y luego bajo parriba,

por eso critica alguno

mi forma de ver la vida.

 

A veces entro pafuera

y luego salgo padentro,

por eso critica alguno

la manera en que yo siento.


jueves, 10 de septiembre de 2026

NOCTURNO BOBALICÓN DE LAS ARAÑAS

                             


Por las noches me despierto

porque sueño con fantasmas.

Al prender la lamparilla

he asustado a las arañas.

 

Las arañas de mis sueños

tienen las patas muy largas

y construyen laberintos

en lugar de telarañas.

 

Las arañas de mis sueños

son unas arañas raras:

no se alimentan de moscas,

pero tragan garrapatas.

 

Las arañas de mis sueños,

que construyen laberintos,

no se alimentan de moscas,

que se nutren de delirios.

 

Las arañas de mis sueños

se alimentan de absurdeces:

de muertos que se suicidan

y sombras que resplandecen.

 

¡Que alguien me extirpe los sueños

o que mate a estas arañas,

que yo no duermo tranquilo

con bichos en las entrañas!