martes, 21 de abril de 2026

Sor Luminaria

 

Sor Luminaria de Todos los Ángeles, de seglar Catalina Barreiro Donoso, es la encargada de encender y apagar las luces en las distintas dependencias del convento, así como de cuidar que las imágenes sagradas tengan siempre su velita encendida y nunca se apaguen los cirios del altar mayor de la capilla. La Madre Superiora la ha asignado para esta tarea porque la gusta y porque vale para ella, como para todo.

Sor Luminaria es una lumbrera, solo que los avatares de la vida la habían conducido por la senda del pecado. Cuando ella nació, sus padres, campesinos pobres, iban ya por los 16 hijos, así que a ella se la dieron a un tratante de ganado que pasó y se encaprichó de los ricitos rubios de la nena y se la pidió a los padres prometiendo para la niña una vida de comodidades bajo la tutela de su esposa, a la que la encantaban los niños, pero, por esos azares de la vida, o designios del Señor, que dicen otros, no podía concebirlos.

Todo ello era verdad y gozó la nena de unos años de cariño y vida holgada. Pero tuvo la mala fortuna de que la madre putativa se muriera repentinamente y el esposo entrara en una depresión profunda y no quisiera hacerse cargo de la vida de la niña, ya preadolescente, y ni siquiera de la suya propia, así que se la encomendó a un amigo que resultó ser un sinvergüenza y creyéndola bien colocada, hizo una excursión al monte y se tiró desde un risco.

El sinvengüenza del amigo, que era un putero de tomo y lomo, en vez de ejercer de padre putativo de la chica lo que hizo fue meterla puta; eso sí, después de desvirgarla por la fuerza. Se la ofreció por unas perras y visitas gratis al prostíbulo a la madama del que él frecuentaba más, que era el de doña Quiteria, que era más seca que un sarmiento y más mezquina que un cacillo de ceniza. Allí consumió la pobre muchacha sus mejores años, entre las babas de los más babosos de la localidad. Pero era buena en el oficio, como en todo, y en aquel prostíbulo acaparó para ella sola el apodo de toda la profesión, y allí se la reclamaba como Lina, la Lumi.

Cuando tras muchos años de infecto puterío se la descolgaron las carnes y ya no la reclamaban los clientes, la nueva doña Quiteria, que ahora se llamaba doña Petrola, la puso de patitas en la calle y en la calle tuvo que buscarse la vida, de puta callejera, que es de las peores vidas que puede haber. En la calle se buscó sus mañas y en ella fue sobreviviendo hasta que un día cuatro golfos que venían borrachos la dieron una paliza por pura diversión y acabó en el hospital de beneficiencia.

Menos mal, porque eso fue su salvación. Allí la atendieron las monjitas de la Caridad, y a través de ellas vio la luz y descubrió al Señor y hasta al prójimo, pero no al prójimo como apestoso cliente de burdel, sino como enfermo espiritual necesitado de comprensión y de afecto.

Y así fue como Lina, la Lumi, se convirtió en sor Luminaria de Todos los Ángeles. Podéis daros mil vueltas por el convento. No veréis encendida una luz que tuviese que estar apagada ni veréis apagada una vela que tuviese que estar encendida.

lunes, 20 de abril de 2026

BLUES DEL ICEBERG

 


¿Por qué eres tan fría conmigo?

 

¿Por qué eres

tan fría

conmigo?

 

¿Por qué tuerces el morro

cuando te sonrío?

 

Canto para ti

y te tapas los oídos.

 

Ni siquiera un iceberg

tiene el corazón tan frío.

Eres más cruel que la nieve

en la rama del espino.

 

¿Por qué no quieres

que me cruce en tu camino?

 

Si no voy hacia ti

no tengo ya destino.

 

Te quiero desde siempre,

desde antes del abismo.

 

Te busco por el día,

por la noche te escudriño.

 

Pero tú no me haces caso.

Para ti es que yo ni existo.

 

Ni siquiera un iceberg

tiene el corazón tan frío.

Eres más cruel que la nieve

en la rama del espino.

 

Me gustas desde la escuela,

desde que éramos dos niños.

Tú nunca me hiciste caso.

Para ti yo era un canijo.

Te gustaban los macarras,

no los chicos tímidos,

y ahora estás con un borracho,

que es lo que es tu marido.

Pero ni eso me importa:

eso no ha impedido

que hoy te quiera todavía

más que nunca te he querido.

 

Pero tú no me haces caso.

¿No ves que estoy perdido?

 

Ni siquiera un iceberg

tiene el corazón tan frío.

Eres más cruel que la nieve

en la rama del espino.

 

Por tu calle paseo

entre la niebla, aterido,

a ver si te veo;

y si te veo, suspiro.

 

Cualquier día de estos

me voy a tirar al río.

 

Tu marido, el cabrón, te zurra.

Lo sé porque me lo han dicho.

Cualquier día de estos

voy y le clavo un cuchillo.

No me importa ir a la cárcel

si al salir estoy contigo.

Pero igual tú no me quieres

luego por asesino.

Y porque tienes el alma

toda sembrada de vidrios.

 

Ni siquiera un iceberg

tiene el corazón tan frío.

Eres más cruel que la nieve

en la rama del espino.

lunes, 13 de abril de 2026

ALBORADA

 


El sol difumina la tristeza

en esta hora traviesa

del amanecer.


Y sus gotas de rocío

se van evaporando

poco a poco

de mi ser.


La luz del nuevo día

trae una alegría

que no acierto a explicar.


Pero mi corazón la siente

y de repente

le entran ganas de soñar.


Pero mi corazón la nota

y se va empapando

gota a gota

y se va ensanchando

y se hace mar.


¡Aurora bendita,

que sombra y pena me quita

y me enseña a tañer

su alegre laúd.


¡Bendita alborada

que clarea la nada

y la siembra de luz!

viernes, 10 de abril de 2026

EN EL AIRE

 


Yo estaba en el aire

con las palomas.


Volaba tan alto

que no daba sombra.


Y era tan blanco

que enamoré a la aurora.


¡Quién me mandaría posarme

en esta rama traidora!

miércoles, 8 de abril de 2026

Sor Dakota

Sor Dakota fue en sus buenos tiempos jipi. Sí, una jipi norteamericana que se vino a la Costa del Sol a vivir la vida natural y el amor libre; el desparrame, vaya. Y fruto de aquel desparrame quedó preñada y bien preñada, aunque no supo de quién, porque allí copulaban todos con todos y a todas horas, que para eso se hacían jipis la mayoría. Y digo que bien preñada porque la nacieron mellizos. Mellizos y bien rollizos. Como no tenía recursos y se vio sola y abandonada por su comuna, porque con dos bebés a los que no quiso renunciar ya no valía para el cachondeo y nadie la prestaba demasiada atención, tuvo que acogerse a la beneficiencia de la Santa Madre Iglesia, que, en este caso, fue madre suya y abuela de los mellizos.

A los mellizos los metieron en un orfanato gestionado por monjas. Y ella, con el afán de madre y por no separarse de sus hijos, se hizo monja para poder estar con ellos en el mismo orfanato. Pudo conjugar así su vocación de madre y su vocación religiosa; porque la descubrió, en efecto, al tener que practicarla. Reconvirtió su jipismo en devoción y espiritualidad. Le pareció que las monjas no eran más que unas jipis místicas, pero eso sí, mucho más auténticas y comprometidas que sus excompañeros de parranda, y sin más drogas que la oración.

Con el tiempo los gemelos salieron del orfanato. Uno es mecánico en un taller de motos; otro, representante de una marca de gafas, y a cuenta de eso se recorre todas las ópticas de la Costa del Sol. A lo mejor alguna de ellas es de su padre, pues aquellos jipis de antaño, niños de buenas familias, acabaron montando sus negocios.

Los gemelos no se olvidan de su madre y todos los domingos van a misa al orfanato y así la ven y la abrazan; y, de paso, cumplen el precepto. Y sor Dakota no cabe en sí de gozo al contemplar a esos dos buenos cristianos, a esos dos mocetones altos como castillos y rubios como melocotones, como ella, pero con unos ojos oscuros que si se les mira bien a la cara parecen bandoleros de Sierra Morena.

martes, 7 de abril de 2026

METASONETO MÁS DE DOS MIL SONETOS


Más de dos mil sonetos llevo escritos

y no me canso, aburro ni detengo,

que escribiendo sonetos me entretengo,

está entre mis deportes favoritos.


En ellos habrá risas, habrá gritos,

habrá suspiros, quejas y lamentos;

en ellos vierto yo mis sentimientos,

mis ideas, razones y delitos.


Para cada ocasión hay un soneto,

hay un soneto para cada hora,

y siempre queda uno que escribir.


Y el soneto al que tengo más respeto

le escribiré mirando hacia la aurora

el día que me tenga que morir.

domingo, 5 de abril de 2026

Muerte de Delmira Agustini (poeta modernista uruguaya; Montevideo, 6 julio 1914)

¡Delmira Agustini, poetisa sagrada, sacerdotisa del rosario de Eros! ¡Con solo 27 años y ya te fuiste con los astros del abismo! ¿Por qué te casaste con Enrique Job Reyes si no sabía escribir en tu libro blanco ni escuchaba tus cantos de la mañana ni podía llenar tus cálices vacíos? ¿Amabas, tal vez, al argentino Manuel Ugarte, que era poeta, como tú?

A los 53 días de tu boda abandonaste el domicilio conyugal y te volviste a casa de tus padres. Y, sin embargo, mientras tramitabas el divorcio, te seguías viendo a escondidas con tu esposo en una habitación alquilada. Allí, en esos encuentros furtivos de dos horas, ¿qué tratabas de aplacar?, ¿tu ardor?, ¿sus celos?

Aunque allí le entregases tu cuerpo, tu espíritu no estaba al alcance de su mano y él lo supo ver, pero no lo aceptó. En vez de ser comprensivo y magnánimo, tras gozar por última vez de ti y mientras tú te vestías sentada en la cama, agarró la pistola que ya tenía preparada y acercándose por la espalda te descerrajó dos tiros en la cabeza. Y luego se disparó él. Ni quería que vivieras para otros ni quería vivir sin ti.

Solo nos queda el consuelo de leer tu poesía, que va siempre acompañado del lamento por lo que hubieras sido capaz de escribir si los astros del abismo no te hubiesen tan prematuramente acogido en su seno. Hoy, cuando miramos al abismo, sabemos que en él palpita un astro nuevo que se llama Delmira.