martes, 21 de julio de 2026

ANCESTROS

 

 

Los ancestros de mi hermana

son los mismos que los míos,

pero ella ha salido rana,

yo salí correcaminos.

 

Se ve que salen diversos

los hijos del mismo padre:

puede que el uno maúlle

y por contra el otro ladre.

 

Es mi hermana más pianta

y yo soy más ladrador

porque ella salió a mi madre,

yo al abuelo Nicanor.

 

“¡Si no parecéis hermanos!”,

los que nos tratan comentan,

aunque a los dos nos hicieron

—sobre eso no quepa duda—

con las mismas herramientas.

El último terceto

 

Por la noche, antes de acostarme, había leído el soneto “Amor” de Juana de Ibarbourou y mientras me lavaba los dientes se me había ocurrido a mí el primer cuarteto de otro soneto relacionado con ese mismo tema. Le anoté en el cuaderno que siempre tengo junto al lavabo y me fui a la cama tratando de pergeñar el segundo cuarteto. Algo se me iba ocurriendo, pero me quedé dormido y se acabó.


Lo retomé a la mañana siguiente. Con los motivos entrevistos la noche anterior mientras me quedaba dormido y lo que se me ocurrió bajo la ducha, terminé de vestirme, cogí el cuaderno de lavabo, que bien puedo así llamarle, y añadí el segundo cuarteto, con rimas diferentes al anterior, que me gusta más así y es más fácil.


Abordé la composición del primer terceto ya en el coche, de camino al dentista. Entre semáforo y rotonda no tardó en venírseme a la mente la idea que necesitaba y logré ponerla en tres endecasílabos con rima CDE justo cuando aparcaba.


Ya solo quedaba lo más difícil, el tercero de remate, que es como una tuerca con arandela y ha de cerrar el soneto a la perfección tanto en la rima como en la idea. O sea, que hay que dar con la idea de remate y ajustarla a esa rima CDE configurada en el terceto anterior.

 

Pues a ello me dispongo ya reclinado en la tumbona de mi dentista, la doctora Ana. Y pienso Mira tú que bien, que así me distraigo mientras me hace la endodoncia y sufro menos.

 

El pinchazo de la anestesia y no puedo pensar en el terceto. El traqueteo del taladro en la muela 26 y no me concentro en el terceto. Los urgues y reúrgues en el diente con la lima, el tiranervios y el escariador y cualquiera piensa en el terceto… Los aparatejos de comprobar que se ha matado el nervio y el terceto a la porra. Los emplastes del sellado provisional y no hay terceto que valga.

 

Cuando me levanto de la tumbona dolorido y con la recomendación de tomar paracetamol cada 4 horas si hace falta y paso por caja y pago 220 euros y me marcho para mi casa con cita para la reconstrucción dentro de 15 días, lo que se me ocurre no es un terceto de amor, sino un terceto satírico contra los dentistas, que, además, me sale a la primera, como dictado por una musa desdentada y con halitosis. Así que cuando llego a casa, cojo el cuaderno de lavabo, añado las dos estrofas ideadas en el coche y las remato con el terceto odontológico. Conservando las rimas originales y retocando los versos de amor (algunos casi nada) para reajustarlos al nuevo tema dentrífico, me ha quedado un soneto-diatriba niquelado. Solo que no os le puedo mostrar aquí, porque, aunque es poco probable, siempre existe la remota posibilidad de que pudiera leerle la doctora Ana.

 

Y todavía tengo pendiente la reconstrucción.         

martes, 7 de julio de 2026

SIN TU MIRADA

 

Sin tu mirada

no veo nada,

soy un ciego

con melanoma

en la piel del alma,

soy un topillo

que se deslumbra

con la penumbra

de la alborada.

 

Sin tu sonrisa

no tengo risa,

soy un triste

que se resiste

a beber brisa,

soy un sonámbulo

caminando descalzo

por una cornisa.

 

Y sin tu abrazo

todo es ocaso,

niebla y penuria,

feria de andrajos,

ciruelo al que llega

bandada de grajos,

rastrojo sin cigarras,

huerto invadido

por los yerbajos.

Si no me esperases,

¿para qué dar un paso?

 

En suma, dulce amada:

que si Dios, que si fe,

que si ideas, que si patria,

patrimonio y riqueza,

que si logros, que si fama;

a mí todo eso

no me importa casi nada;

lo que me importa es la vida

y la tengo bien calada

y si quieres te digo

lo que es:

sintigo

una bobada,

y al revés.

Fiesta en la plaza

 

Los murciélagos hambrientos se tragan las miradas furtivas de la calurosa noche, revoloteando sobre la plaza en fiestas.

El adolescente tímido mira bailar a la chica que le gusta y cada vaivén de su cintura le expande la bóveda celeste, pero cada mirada que ella dirige a cualquier otro chico le taladra el pecho con una broca del 17.

El soltero viejo ausculta a la viuda joven pensando si se avendría a un apaño.

El casado mira a la casada con otro que fue novia suya y añora aquellos pechos que eran un poco más pequeños que los de su mujer, pero más turgentes y se han conservado, al parecer, más firmes.

El despechado, que no encuentra quien le baile el agua y baila él solo con el vino, mira mohíno a todos y no sostiene la mirada a nadie.

La guapa hace como que no mira a nadie sabiendo que todos la miran a ella. No es la que mejor baila y aun así es a la que más se disfruta de ver bailar. ¡Qué cosa es la guapura!

Una chavala del pueblo mira a un forastero rubio que se apoya en la farola del centro de la plaza sosteniendo su cerveza y sin atreverse a bailar, no vaya a hacer el ridículo. ¡Un guapo soso es lo que ella necesita!; ella, que no es tan guapa como otras, pero mucho más salada.

El músico de la banda que toca el bajo, cuando levanta la vista de las cuatro cuerdas, mira de reojo hacia la chica que baila sin despegarse del pie del escenario y le busca con su sonrisa.

No faltan, no, en el baile en la plaza las miradas furtivas, por eso proliferan esta noche los murciélagos blepovoros que de ellas se alimentan y que rayando el alba regresan a sus grutas con la panza bien llena.

De las que ellos no han sido capaces de devorar es de las que nace el futuro.

lunes, 29 de junio de 2026

Fábula de la coneja y la zorra

La coneja, por chinchar a la zorra, presumía de paridora y la decía:

—¿No te da envidia verme parir 5 o 6 veces al año mientras tú solo pares una, y encima yo te doblo o te triplico la camada?

A lo que contestó la zorra, que es un poco más lista:

—No me da envidia, no, señora coneja, sino mucha alegría y gracias doy al cielo de que así sea; pues si fuera al revés y pariera yo cinco veces al año y tú solo una, todas mis crías se morirían de hambre.

viernes, 19 de junio de 2026

El tío Mostelas

El tío Mostelas era el borrachín del pueblo. En ir a echar un traguillo de vino a la bodega se le pasaban las mañanas y las tardes. Y aun así no lograba apagar esa sed tremenda que le entró cuando se le murió su Marcelina, que era buena y dulce y sonriente y siempre llevaba en el bolsillo del mandil confites para dar a los niños cuando nos mandaba a algún recado.

Sin embargo, el día de la Fiesta Mayor, la Purísima, se le veía a la noche, en la velada en la plaza, totalmente sobrio y bailando con criterio y sin dar un traspiés frente a la orquesta. Como era un borrachín amable, todo el pueblo le quería invitar, pero él rechazaba todas las invitaciones, diciendo:

—No. Hoy no bebo. Hoy es fiesta y hay que celebrarlo.

jueves, 18 de junio de 2026

EL BACILO DE LA VACILACIÓN


Cuando me infecta el bacilo

de la vacilación,

dudo de todo,

hasta de mi condición

sexual

—que hasta ahora es la normal—

y todo me parece mal

y no sé qué hacer,

si irme a dormir

o desaparecer

en el amanecer;

si ponerme a escribir

o ponerme a leer,

si hacer un sudoku

o una sopa de letras

o si mirar cuatro tetas

en internet;

si recitar a los poetas

de la generación de posguerra

o irme a la sierra

a hacer una ruta.

 

¡Mecagüen la puta!

¡Será posible 

que dude tanto

desde que me levanto

hasta que me acuesto!

¡Dura menos

mi determinación

que el agua en un cesto,

copón!


Y no sé si coger la raqueta

para ir al frontón

o mejor la bicicleta,

aunque tuve un reventón;

si bajar por la escalera

o coger el ascensor,

si comprar en Mercadona

o ir al Carrefour,

si ponerme el polo blanco

o el azul,

si escuchar a Celia Cruz

o a Amancio Prada

cantando a Rosalía.

¡Y en estas vacilaciones

se me va pasando el día

sin atar una escoba

ni dar un palo al agua!

 

¡Esto no es normal,

chaval!

Que dude si escuchar un disco

de jevi metal

o ver la película

de Atracción fatal,

si hacer ejercicio

o entregarme al solitario vicio

de la meditación,

si tomarme un cubata

o un paracetamol,

o las dos cosas;

si catalogar

mi colección de mariposas

mientras me tomo un café

¿o mejor una cerveza?

¡Qué puta cabeza!

 

Mejor me bajo a la piscina

a nadar a crol

—¿o a braza?,

¿o a mariposa?—

y a contemplar a las vecinas

en esas tangas finas

y juzgar la diferencia

entre vejez y adolescencia

por el volumen de la grasa,

y así me distraigo un rato

con este remedio barato

y mientras cavilo

por lo menos no vacilo.

 

¡Es que dudo tanto!

¡Qué espanto!

Tanto y tanto dudo

que mira como sudo.

 

Pero, bueno, ya luego se me pasa

y vuelvo a mi rutina,

que es ir a la cocina,

abrir el frigorífico,

coger una loncha de cecina

o un muslo de pollo en pepitoria

o dos gramos de caviar

o una rodaja de lomo

o un torreznillo de Soria

y ya sin vacilar,

zampármelo con aplomo.

Y se acabó la historia.


Aquí paz

y después gloria.


Pospoema:

(Y tú, lector adusto,

que leíste este poema

con gran susto

y mayor disgusto

y pensando: “¡Vaya mierda!”,

no se te pierda

de vista

que le escribe un gran artista

y no cualquier correveidile,

y que entre vacilación y bacilo,

lo que hay es mucho vacile:

pues la guasa

que el poeta aquí se trae

es porque usa “vacilar”

con la acepción quinta de la RAE.)