miércoles, 6 de mayo de 2026

LOS MOZOS DEL PUEBLO (canción de moza)



Los mozos del pueblo, madre,

son muy pendencieros;

por eso quiero casarme

con un forastero.

 

Con un forastero, madre,

que sea tranquilo;

que no quiero vivir

con el alma en vilo.

 

Con el alma en vilo, madre,

vive mi hermana

desde que se ha casado

con Pedro Maraña.

 

Con Pedro Maraña, madre,

no me casaba yo

aunque no hubiera otro mozo

en todo el alrededor.


Pero al alrededor, madre,

hay mozos bien buenos;

yo me casaré con uno

que no sea del pueblo.

 

Los mozos del pueblo, madre,

son muy garrulos:

¡antes me quedo soltera

que casarme con uno!


Los mozos del pueblo, madre,

son muy catetos:

¡antes que casarme con uno

monja me meto!


Sor Viandas

Sor Viandas, la despensera, estaba gorda como un trullo. El pecado de la gula no la pillaba nunca porque iba siempre muy por delante de él. Atacaba los embutidos y los quesos de la despensa sin contemplaciones. La madre abadesa lo sabía, pero no la decía nada porque era su prima y porque por su culpa estaba recluida en el convento. Años atrás la había birlado el novio, cuando eran las dos mocitas y su prima estaba ennoviada con el Casimiro, el hijo del molinero, y llegaron las fiestas del pueblo, la Purísima y San Roque, para más señas, y ella se puso a bailar con él un agarrao y le clavó los pezones y él la arrimó la cebolleta y acabaron calientes y se fueron pa los prados a hacer guarrerías.

Aquello trajo cola y hubo líos entre las familias, que hasta ese momento estaban muy bien avenidas y comían todos juntos el día de la fiesta, la Purísima en casa de los unos y San Roque en casa de los otros; además de hacer la matanza a medias y cambiarse las tierras que les lindaban, para mayor rentabilidad.

La cosa se resolvió mandando a las dos al convento y dejando al Casimiro sin ninguna; y así anda, el pobre, más soltero que la una y con cierta propensión al tintorro, que cogió mala fama con el episodio aquel y ya no se le arrimó ninguna.

En el convento, la abadesa llegó a abadesa porque estaba más preparada y era más lista. Y sor Viandas llegó a despensera porque era lo que la gustaba y porque así se lo exigió a su prima cuando llegó a abadesa, bajo amenaza de contarle a las otras monjas por lo bajini sus devaneos de mozuela para socavar su autoridad. La madre abadesa, claro está, prefirió perder tres chorizos y dos quesos a la semana, antes que su piadosa credibilidad para el resto de sus días, y sobre todo ahora que aspiraba al puesto de Superiora General de su congregación.

jueves, 30 de abril de 2026

LA VUELTA AL CORAZÓN EN 80 CANCIONES Y 80 SENTIMIENTOS, 3

3. BONDAD. Rozalén – “Girasoles” (Cuando el río suena…, Sony, 2017)

Retomamos los sentimientos positivos. Nos toca ahora la bondad, sentimiento muy habitual entre la gente corriente, por fortuna.


LA VUELTA AL CORAZÓN EN 80 CANCIONES Y 80 SENTIMIENTOS, 2

 2. ODIO. Bring Me The Horizon - "Go To Hell, For Heaven's Sake" (Sempiternal, RCA/Epitaph, 2013)

Y del amor pasamos al odio, sentimiento que, afortunadamente, no es tan frecuente como el amor, pero al que se puede llegar por muchas causas y una de ellas es precisamente la frustración amorosa. Por lo general se odia a quien nos causa daño y se le corresponde deseándole lo peor; que se vaya al infierno, por ejemplo, como en esta canción de la banda británica Bring Me The Horizon.





miércoles, 29 de abril de 2026

LA VUELTA AL CORAZÓN EN 80 CANCIONES Y 80 SENTIMIENTOS, 1

1. AMOR DESGARRADO Y DESGARRADOR. Paloma Faith: “Only Love Can Hurt Like This” (A Perfect Contradiction, Sony, 2014)

El amor es el sentimiento más universal y el tema principal de la música y de la poesía, por no decir de todo el arte, la cultura y la vida misma. Este sentimiento tiene mil caras según su estado de desarrollo y según sea correspondido o no. Aquí presentamos una, la del amor desgarrado, en esta maravillosa canción de Paloma Faith, de precioso e ilustrativo título: “Solo el amor puede doler así”.



martes, 28 de abril de 2026

VIVO (Canción)

 


Ya sé que la vida es dura,

que las uvas no maduran

a gusto de todos,

que hay demasiado lodo

infestando los charcos,

que naufragan los barcos

en medio de la corriente,

que hay demasiada gente

poniendo zancadillas,

que al hombre flaco

todo se le vuelven ladillas;


pero yo sigo;

como un pordiosero, si queréis,

como un mendigo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!;


como una rata de alcantarilla,

más tirado que una colilla,

prisionero y cautivo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!



Ya sé que la vida es dura,

que las uvas no maduran

a gusto de nadie,

que acabaremos pagando el aire

que respiramos,

que no sabemos

de dónde venimos

ni a dónde vamos

ni para qué servimos,

que a lo mejor la vida es un timo,

que a buen árbol me arrimo

y la sombra no me cobija.

Tócame la pija

y no metas la pata

dándome la lata

con que esto es una mierda;


porque yo sigo;

como un pordiosero, si queréis,

como un mendigo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!,

que no quiero caerme

del olivo

ni ser el chivo

expiatorio

al que le ponen el supositorio;


como una rata de alcantarilla

(provincia de Murcia);

como una furcia

con gonorrea,

y encima vieja y fea;

prisionero y cautivo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!


Ya sé que la vida es dura,

que nos espera la sepultura,

que no hay Dios que nos redima,

que me tengo en poca estima

por un trauma de la infancia

ya sin importancia;

que esto es una ruina,

por culpa de la rutina,

un desastre, un cataclismo,

que todo lo arruina el turismo,

que de la realidad al deseo

hay un abismo,

y más para el que es feo;

no te creas que no lo veo,


pero yo sigo;

como un pordiosero, si queréis,

como un mendigo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!;


como una rata de alcantarilla,

más tirado que una colilla;

como una furcia

con blenorragia,

que por más que lo intenta

ya no hace magia;

prisionero y cautivo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!

Sor Kokotxa

Sor Kokotxa era de Bilbao, pero allí nadie la quería porque un año, durante las fiestas de la ciudad, se meó en la gabarra del Atletic. Por eso la cogieron asco y cuando pasaba por la calle la escupían. No encontró más refugio que meterse monja de clausura, clarisa para más señas, en el monasterio de Santa Clara de Soria.

Allí rezaba en castellano, pero retolicaba en euskera, pues del vasco no sabía más que los cuatro tacos, palabrotas, juramentos y blasfemias que había aprendido de su abuelo, que fue nekazari, labriego, en su pueblo natal, Orduña, hasta que bajó a Bilbao desde la Sierra Salvada para entrar a trabajar, como tantos otros de aquella comarca, en la metalurgia. Por eso cuando la madre superiora la mandaba a recoger puerros a la huerta para hacer la porrusalda de los jueves, ella la respondía lo que su abuelo a su abuela cuando le mandaba algo: “Zure aginduak bete behar dituela, kontuan hartuta zein puta zaren!” (“¡Que te tenga que obedecer yo con lo puta que eres!”). La madre superiora la oía farfullar y, aunque del euskaldún no sabía ni el eskerrikasko, porque no era de Bilbao, sino madrileña de Villalbilla, no la reprendía porque era ya muy vieja y sabía que para una monja joven y sin mucha vocación la clausura no era cosa fácil de sobrellevar.

Sor Kokotxa se salió de monja el año que ganó la liga el Atletic. Volvió a su ciudad, donde ya nadie se acordaba de ella, y vive de su oficio, pastelera, que es lo que aprendió en el convento de Soria. Su pastelería es curiosa porque está decorada con crucifijos y porque es la única de Bilbao en la que se pueden encontrar unas yemas de Santa Clara muy especiales, con un ingrediente secreto, que yo sospecho que es la trufa.