viernes, 19 de junio de 2026

El tío Mostelas

El tío Mostelas era el borrachín del pueblo. En ir a echar un traguillo de vino a la bodega se le pasaban las mañanas y las tardes. Y aun así no lograba apagar esa sed tremenda que le entró cuando se le murió su Marcelina, que era buena y dulce y sonriente y siempre llevaba en el bolsillo del mandil confites para dar a los niños cuando nos mandaba a algún recado.

Sin embargo, el día de la Fiesta Mayor, la Purísima, se le veía a la noche, en la velada en la plaza, totalmente sobrio y bailando con criterio y sin dar un traspiés frente a la orquesta. Como era un borrachín amable, todo el pueblo le quería invitar, pero él rechazaba todas las invitaciones, diciendo:

—No. Hoy no bebo. Hoy es fiesta y hay que celebrarlo.

jueves, 18 de junio de 2026

EL BACILO DE LA VACILACIÓN


Cuando me infecta el bacilo

de la vacilación,

dudo de todo,

hasta de mi condición

sexual

—que hasta ahora es la normal—

y todo me parece mal

y no sé qué hacer,

si irme a dormir

o desaparecer

en el amanecer;

si ponerme a escribir

o ponerme a leer,

si hacer un sudoku

o una sopa de letras

o si mirar cuatro tetas

en internet;

si recitar a los poetas

de la generación de posguerra

o irme a la sierra

a hacer una ruta.

 

¡Mecagüen la puta!

¡Será posible 

que dude tanto

desde que me levanto

hasta que me acuesto!

¡Dura menos

mi determinación

que el agua en un cesto,

copón!


Y no sé si coger la raqueta

para ir al frontón

o mejor la bicicleta,

aunque tuve un reventón;

si bajar por la escalera

o coger el ascensor,

si comprar en Mercadona

o ir al Carrefour,

si ponerme el polo blanco

o el azul,

si escuchar a Celia Cruz

o a Amancio Prada

cantando a Rosalía.

¡Y en estas vacilaciones

se me va pasando el día

sin atar una escoba

ni dar un palo al agua!

 

¡Esto no es normal,

chaval!

Que dude si escuchar un disco

de jevi metal

o ver la película

de Atracción fatal,

si hacer ejercicio

o entregarme al solitario vicio

de la meditación,

si tomarme un cubata

o un paracetamol,

o las dos cosas;

si catalogar

mi colección de mariposas

mientras me tomo un café

¿o mejor una cerveza?

¡Qué puta cabeza!

 

Mejor me bajo a la piscina

a nadar a crol

—¿o a braza?,

¿o a mariposa?—

y a contemplar a las vecinas

en esas tangas finas

y juzgar la diferencia

entre vejez y adolescencia

por el volumen de la grasa,

y así me distraigo un rato

con este remedio barato

y mientras cavilo

por lo menos no vacilo.

 

¡Es que dudo tanto!

¡Qué espanto!

Tanto y tanto dudo

que mira como sudo.

 

Pero, bueno, ya luego se me pasa

y vuelvo a mi rutina,

que es ir a la cocina,

abrir el frigorífico,

coger una loncha de cecina

o un muslo de pollo en pepitoria

o dos gramos de caviar

o una rodaja de lomo

o un torreznillo de Soria

y ya sin vacilar,

zampármelo con aplomo.

Y se acabó la historia.


Aquí paz

y después gloria.


Pospoema:

(Y tú, lector adusto,

que leíste este poema

con gran susto

y mayor disgusto

y pensando: “¡Vaya mierda!”,

no se te pierda

de vista

que le escribe un gran artista

y no cualquier correveidile,

y que entre vacilación y bacilo,

lo que hay es mucho vacile:

pues la guasa

que el poeta aquí se trae

es porque usa “vacilar”

con la acepción quinta de la RAE.)

 

domingo, 7 de junio de 2026

ACRÓSTICO PARA ÁNGEL REJAS GONZÁLEZ-PALENCIA CON MOTIVO DE LA COMIDA CELEBRADA CON FAMILIA Y AMIGOS POR SU 70 CUMPLEAÑOS EN EL RESTAURANTE TRIGO, DE LEGANÉS

Pues lo dicho en el título: con tal motivo escribí a mi amigo el siguiente acróstico, que leyó a los postres mi señora esposa, Lola, asistente también en calidad de amiga, pero poco dada a la escritura. 


ÁCRÓSTICO PARA ÁNGEL REJAS GONZÁLEZ-PALENCIA EN SU 70 CUMPLEAÑOS


AMIGOS, ESA ES LA PALABRA EXACTA, ÁNGEL;

NO BUSQUES MÁS EN EL DICCIONARIO DE LA RAE.

GOZA DE TODOS LOS QUE ACAPARASTE HASTA HOY

EN TU FECUNDO DEAMBULAR POR ESTE MUNDO,

LOCO, SÍ, PERO TUYO Y NUESTRO, Y MENOS LOCO COMPARTIDO.

 

RUMBO AL FUTURO PONEMOS CONTIGO

EN ESTE ACTO DE TU 70 CUMPLEAÑOS.

JUNTOS VAMOS, QUE TIEMBLE EL HORIZONTE,

AMPLÍESE EL PLAZO DE LA VIDA.

SOMOS AMIGOS Y ESO NOS DA DERECHO A MUCHAS ALBORADAS.

 

GOZA, SÍ, DE TUS AMIGOS, QUE AQUÍ ESTAMOS.

OTROS SE TE HABRÁN QUEDADO POR EL CAMINO.

NINGUNO PERDISTE, CREO, POR FALTA DE VIRTUD O CAUSA VANA.

ZAFARTE PUDISTE DE ALGUNO QUE PARECÍA Y NO ERA.

AHORA Y AQUÍ TIENES A LOS QUE TÚ HAS QUERIDO,

LOS QUE TAMBIÉN HEMOS QUERIDO QUERERTE.

ESTAMOS AQUÍ PARA AMIGARTE UN POCO MÁS TODAVÍA,

ZÁMPATE LA MIGA DE TANTO Y TAN BUEN AMIGO Y AMIGA.

 

PIENSA CUÁNTAS VIVENCIAS, EMOCIONES,

ANÉCDOTAS, SUCESOS, CHASCARRILLOS…,

LOCUAZMENTE HEMOS COMPARTIDO

EN TODOS ESTOS AÑOS TAN PRÓDIGOS EN AMISTAD.

NO MIRES MUCHO ATRÁS, SIN EMBARGO;

CENTRA TU ATENCIÓN EN EL FUTURO:

INVÍTANOS A OTRA COMIDA

ANTES DE CUMPLIR LOS CIEN.

 

                               ©Adrián San Juan, junio de 2026

Mi abrigo Rejas

Ayer, sábado 6 de junio, cumplió 70 años uno de mis mejores y más antiguos amigos, Ángel Rejas. Con tal motivo celebró una comida en el restaurante Trigo, de Leganés, en la que reunió a unos 50 amigos de todas sus etapas vitales. A los postres se leyeron textos y se entregaron regalos. He aquí el textículo que yo escribí para la ocasión y que leí ante el cumpleañero y los invitados:

MI ABRIGO REJAS

Mi abrigo Rejas es un tripo cojonudo; las dos cosas: cojo y nudo. No hay orto igual ni padrecido en todo el multiverso. Te cuenta unas histerias que te caes de culo. Y lo mejor de tordo es que no se las imprenta, kebab, sino que le han pasado de cerdad. Con él no te aburras, no, descuida.

En lo pezonal, es un tipo campichano, simpatético, extroinvertido, vitralista. Con gente así da busto, coño. Es uno de esos indivisos que a nadie dejan indigente, que siempre apotran algo con su particular forma de ser y estar, verbos copulativos y que se construyen, por tanto, con predicado nomianal.

En lo social, mi amigo Rajas es una penosa maravillosa, un ser de mar y luz. De Mariluz, sí. Y también de Juli, por supuesto. Por su puesto de esposa, quiero decir. Mi ambiguo Rejas es un hombre único, espacial, genital, un superdonato de la conversación, un hombre comprometido con sus ideas políticas, poéticas y patéticas; un luchachador incansable, un indialista en un mundo mezquino, un don Cipote moderno que no se arredra ante las casas perdidas y lucha a bazo partido contra los gigantes y contra los molinos de viento, de cuerda y de percusión.

Cuantos hemos tenido la porzuna de conocerle, nos sentimos inmensamente afrutados y queremos hoy darle mil grasas por todo lo que él ha aportado a nuestras birras. Así que, querido abrigo Rejas, grasas, grasas y más grasas de todo corazón. Es un auténtico placer estar hoy aquí con trigo (y encima en el restaurante Trigo) y contemplar en vivo y en directo tus 70 anos tan bien llevados.

                                       ©Adrián San Juan, junio 2026


jueves, 4 de junio de 2026

AL NACIMIENTO DE ALICIA (4 JUNIO 1996)

Hoy hace 30 años que soy padre. Aquí os dejo el poema que improvisé por aquellos días en mi agenda de profesor de instituto, posiblemente en algún recreo. Mucho he disfrutado de esta niña cuando era pequeña y la llamaba "Cucolotis" (porque era muy cuca y llevaba pañales Dodotis). Y mucho nos queda aún por vivir y disfrutar juntos. ¡Muchas felicidades, Alicia!

AL NACIMIENTO DE ALICIA

(4 junio 1996)

 

Has arribado a la playa

con la pleamar

y tus huellas en la arena

ninguna marea

las podrá borrar.

 

Coronaste el horizonte

justo al amanecer

y ha servido el sol naciente

de escaño para tus pies.

 

Has llegado hasta los campos

cuando grana el cereal.

¡Eres la mejor cosecha

                     que se podría soñar! 

viernes, 29 de mayo de 2026

Muerte de Lee Morgan (Trompetista norteamericano de Jazz. Nueva York, 19 febrero 1972)

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. 33 años tenías, la edad de Jesucristo; pero, claro, no tenías su virtud. Él redimía a las adúlteras y a las prostitutas. Tú eras un adúltero y te gustaban las putas. Desangrados moristeis los dos: él en una cruz, tú en un club de jazz. Su muerte dicen que sirvió para algo; para mucho, para redimir al mundo, nada menos. La tuya no valió para nada: otra muerte inútil que dejó llorando a las trompetas huérfanas.

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. La infidelidad tú la pusiste, el despecho tu esposa Helen; y la nieve, Nueva York. Helen te recogió de la calle cuando eras una piltrafa y estabas carcomido por la miseria y la heroína. Hasta habías empeñado la trompeta. Te metió en su casa, te metió en su cama, te metió en un centro de desintoxicación y hasta te arregló los dientes para que pudieras embocar bien la trompeta. Y cuando estuviste limpio, cuando volviste a ser un hombre y un músico privilegiado, a tu lado estuvo, vigilante, llevando tu carrera como manager, cuidando que cumplieras tus contratos, que no consumieras drogas y que alcanzases el máximo prestigio como trompetista de jazz. Y así fue, Lee. Con ella llegaste a ser el mejor. Los que querían subir al cielo acudían a escucharte. Y, para escucharte mejor, del cielo bajaban cada noche los 7 arcángeles y se camuflaban entre el público del club de jazz. Aunque se les podía reconocer, porque nunca pedían bourbon.

Eras el mejor trompetista de jazz, pero no eras el mejor marido, Lee. Traicionaste a Helen, que era mucho mayor que tú, que a lo mejor era ya vieja para ti porque te sacaba 13 años. ¿Cuántos años la sacabas tú a Judith Johnson, con la que estabas cuando te disparó Helen en el club Slug’s Saloon del East Village de Nueva York? A lo mejor no te considerabas un adúltero porque no os habíais casado. Pero ella era tu mujer a todos los efectos, eso no lo puedes negar, Lee. Ni tampoco puedes negar que te quería, Lee. Obraste mal, Lee. No quiero decir con esto que merecieras la muerte, Lee; solo que a lo mejor no merecías el amor.

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. La infidelidad la pusiste tú. Te la sirvió en bandeja Judith Johnson, que era joven y guapa y alocada y divertida; pero la pusiste tú. El despecho le puso Helen, y bien puesto te le puso, en forma de balazo en el pecho. Y la nieve la puso Nueva York. La nieve que había ido cayendo lentamente y ahora hacía que la ambulancia avanzase por las calles lentamente mientras tú te desangrabas lentamente durante toda una lentísima hora.

Los 7 arcángeles, que habían bajado también esa noche a escucharte al Slug’s Club, te subieron al cielo. El más joven lloraba. Iba tarareando, como si tocase la trompeta, las notas de Melancholee.

lunes, 25 de mayo de 2026

Suicidios habituales

Todos los domingos después de misa saco un hueco para acercarme hasta el precipicio de Punta Blanca. Allí me siento sobre la roca viva, al borde, con los pies colgando sobre el abismo. Y en esa postura reflexiono sobre la vida y la muerte. Sobre la vida que me ha tocado morir y sobre la muerte que me ha tocado vivir.

Pienso en Alba, que se fue cuando más la necesitaba, con la excusa de que el pueblo se la quedaba pequeño. Pienso en Julián, mi mejor amigo, mi único amigo durante mucho tiempo, que al cabo me birló mi primera novia y mira que le dije cientos de veces en nuestras confidencias que era el amor de mi vida y ni por esas, o precisamente por eso, el muy cabrón. Pienso en Alfonso, que parecía un estupendo compañero de trabajo, y en realidad lo fue hasta que hubo reformas en la empresa y había que ascender a jefe a uno de nuestra sección y despedir a todos los demás. Se me agolpan en la memoria todos los puñeteros errores que he cometido a lo largo de mi vida y me contemplo solo y fracasado y sin perro que me ladre y sin chica que me bese y sin amigos que me inviten a su barbacoa.

Entonces siento tanto dolor y tanto desprecio por mí mismo que vuelvo los ojos a la espuma acogedora que bulle allá abajo, en el rompiente, y me arrojo al mar harto de todo y de todos.

Me mato, sí. Pero no lo suficiente. El lunes a las 8 en punto vuelvo a estar en mi puesto de trabajo para suicidarme de nuevo desangrándome poco a poco durante 40 horas semanales.