jueves, 30 de abril de 2026

LA VUELTA AL CORAZÓN EN 80 CANCIONES Y 80 SENTIMIENTOS, 3

3. BONDAD. Rozalén – “Girasoles” (Cuando el río suena…, Sony, 2017)

Retomamos los sentimientos positivos. Nos toca ahora la bondad, sentimiento muy habitual entre la gente corriente, por fortuna.


LA VUELTA AL CORAZÓN EN 80 CANCIONES Y 80 SENTIMIENTOS, 2

 2. ODIO. Bring Me The Horizon - "Go To Hell, For Heaven's Sake" (Sempiternal, RCA/Epitaph, 2013)

Y del amor pasamos al odio, sentimiento que, afortunadamente, no es tan frecuente como el amor, pero al que se puede llegar por muchas causas y una de ellas es precisamente la frustración amorosa. Por lo general se odia a quien nos causa daño y se le corresponde deseándole lo peor; que se vaya al infierno, por ejemplo, como en esta canción de la banda británica Bring Me The Horizon.





miércoles, 29 de abril de 2026

LA VUELTA AL CORAZÓN EN 80 CANCIONES Y 80 SENTIMIENTOS, 1

1. AMOR DESGARRADO Y DESGARRADOR. Paloma Faith: “Only Love Can Hurt Like This” (A Perfect Contradiction, Sony, 2014)

El amor es el sentimiento más universal y el tema principal de la música y de la poesía, por no decir de todo el arte, la cultura y la vida misma. Este sentimiento tiene mil caras según su estado de desarrollo y según sea correspondido o no. Aquí presentamos una, la del amor desgarrado, en esta maravillosa canción de Paloma Faith, de precioso e ilustrativo título: “Solo el amor puede doler así”.



martes, 28 de abril de 2026

VIVO (Canción)

 


Ya sé que la vida es dura,

que las uvas no maduran

a gusto de todos,

que hay demasiado lodo

infestando los charcos,

que naufragan los barcos

en medio de la corriente,

que hay demasiada gente

poniendo zancadillas,

que al hombre flaco

todo se le vuelven ladillas;


pero yo sigo;

como un pordiosero, si queréis,

como un mendigo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!;


como una rata de alcantarilla,

más tirado que una colilla,

prisionero y cautivo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!



Ya sé que la vida es dura,

que las uvas no maduran

a gusto de nadie,

que acabaremos pagando el aire

que respiramos,

que no sabemos

de dónde venimos

ni a dónde vamos

ni para qué servimos,

que a lo mejor la vida es un timo,

que a buen árbol me arrimo

y la sombra no me cobija.

Tócame la pija

y no metas la pata

dándome la lata

con que esto es una mierda;


porque yo sigo;

como un pordiosero, si queréis,

como un mendigo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!,

que no quiero caerme

del olivo

ni ser el chivo

expiatorio

al que le ponen el supositorio;


como una rata de alcantarilla

(provincia de Murcia);

como una furcia

con gonorrea,

y encima vieja y fea;

prisionero y cautivo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!


Ya sé que la vida es dura,

que nos espera la sepultura,

que no hay Dios que nos redima,

que me tengo en poca estima

por un trauma de la infancia

ya sin importancia;

que esto es una ruina,

por culpa de la rutina,

un desastre, un cataclismo,

que todo lo arruina el turismo,

que de la realidad al deseo

hay un abismo,

y más para el que es feo;

no te creas que no lo veo,


pero yo sigo;

como un pordiosero, si queréis,

como un mendigo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!;


como una rata de alcantarilla,

más tirado que una colilla;

como una furcia

con blenorragia,

que por más que lo intenta

ya no hace magia;

prisionero y cautivo;

pero vivo, vivo, ¡vivo!

Sor Kokotxa

Sor Kokotxa era de Bilbao, pero allí nadie la quería porque un año, durante las fiestas de la ciudad, se meó en la gabarra del Atletic. Por eso la cogieron asco y cuando pasaba por la calle la escupían. No encontró más refugio que meterse monja de clausura, clarisa para más señas, en el monasterio de Santa Clara de Soria.

Allí rezaba en castellano, pero retolicaba en euskera, pues del vasco no sabía más que los cuatro tacos, palabrotas, juramentos y blasfemias que había aprendido de su abuelo, que fue nekazari, labriego, en su pueblo natal, Orduña, hasta que bajó a Bilbao desde la Sierra Salvada para entrar a trabajar, como tantos otros de aquella comarca, en la metalurgia. Por eso cuando la madre superiora la mandaba a recoger puerros a la huerta para hacer la porrusalda de los jueves, ella la respondía lo que su abuelo a su abuela cuando le mandaba algo: “Zure aginduak bete behar dituela, kontuan hartuta zein puta zaren!” (“¡Que te tenga que obedecer yo con lo puta que eres!”). La madre superiora la oía farfullar y, aunque del euskaldún no sabía ni el eskerrikasko, porque no era de Bilbao, sino madrileña de Villalbilla, no la reprendía porque era ya muy vieja y sabía que para una monja joven y sin mucha vocación la clausura no era cosa fácil de sobrellevar.

Sor Kokotxa se salió de monja el año que ganó la liga el Atletic. Volvió a su ciudad, donde ya nadie se acordaba de ella, y vive de su oficio, pastelera, que es lo que aprendió en el convento de Soria. Su pastelería es curiosa porque está decorada con crucifijos y porque es la única de Bilbao en la que se pueden encontrar unas yemas de Santa Clara muy especiales, con un ingrediente secreto, que yo sospecho que es la trufa.

martes, 21 de abril de 2026

Sor Luminaria

 

Sor Luminaria de Todos los Ángeles, de seglar Catalina Barreiro Donoso, es la encargada de encender y apagar las luces en las distintas dependencias del convento, así como de cuidar que las imágenes sagradas tengan siempre su velita encendida y nunca se apaguen los cirios del altar mayor de la capilla. La Madre Superiora la ha asignado para esta tarea porque la gusta y porque vale para ella, como para todo.

Sor Luminaria es una lumbrera, solo que los avatares de la vida la habían conducido por la senda del pecado. Cuando ella nació, sus padres, campesinos pobres, iban ya por los 16 hijos, así que a ella se la dieron a un tratante de ganado que pasó y se encaprichó de los ricitos rubios de la nena y se la pidió a los padres prometiendo para la niña una vida de comodidades bajo la tutela de su esposa, a la que la encantaban los niños, pero, por esos azares de la vida, o designios del Señor, que dicen otros, no podía concebirlos.

Todo ello era verdad y gozó la nena de unos años de cariño y vida holgada. Pero tuvo la mala fortuna de que la madre putativa se muriera repentinamente y el esposo entrara en una depresión profunda y no quisiera hacerse cargo de la vida de la niña, ya preadolescente, y ni siquiera de la suya propia, así que se la encomendó a un amigo que resultó ser un sinvergüenza y creyéndola bien colocada, hizo una excursión al monte y se tiró desde un risco.

El sinvengüenza del amigo, que era un putero de tomo y lomo, en vez de ejercer de padre putativo de la chica lo que hizo fue meterla puta; eso sí, después de desvirgarla por la fuerza. Se la ofreció por unas perras y visitas gratis al prostíbulo a la madama del que él frecuentaba más, que era el de doña Quiteria, que era más seca que un sarmiento y más mezquina que un cacillo de ceniza. Allí consumió la pobre muchacha sus mejores años, entre las babas de los más babosos de la localidad. Pero era buena en el oficio, como en todo, y en aquel prostíbulo acaparó para ella sola el apodo de toda la profesión, y allí se la reclamaba como Lina, la Lumi.

Cuando tras muchos años de infecto puterío se la descolgaron las carnes y ya no la reclamaban los clientes, la nueva doña Quiteria, que ahora se llamaba doña Petrola, la puso de patitas en la calle y en la calle tuvo que buscarse la vida, de puta callejera, que es de las peores vidas que puede haber. En la calle se buscó sus mañas y en ella fue sobreviviendo hasta que un día cuatro golfos que venían borrachos la dieron una paliza por pura diversión y acabó en el hospital de beneficiencia.

Menos mal, porque eso fue su salvación. Allí la atendieron las monjitas de la Caridad, y a través de ellas vio la luz y descubrió al Señor y hasta al prójimo, pero no al prójimo como apestoso cliente de burdel, sino como enfermo espiritual necesitado de comprensión y de afecto.

Y así fue como Lina, la Lumi, se convirtió en sor Luminaria de Todos los Ángeles. Podéis daros mil vueltas por el convento. No veréis encendida una luz que tuviese que estar apagada ni veréis apagada una vela que tuviese que estar encendida.

lunes, 20 de abril de 2026

BLUES DEL ICEBERG

 


¿Por qué eres tan fría conmigo?

 

¿Por qué eres

tan fría

conmigo?

 

¿Por qué tuerces el morro

cuando te sonrío?

 

Canto para ti

y te tapas los oídos.

 

Ni siquiera un iceberg

tiene el corazón tan frío.

Eres más cruel que la nieve

en la rama del espino.

 

¿Por qué no quieres

que me cruce en tu camino?

 

Si no voy hacia ti

no tengo ya destino.

 

Te quiero desde siempre,

desde antes del abismo.

 

Te busco por el día,

por la noche te escudriño.

 

Pero tú no me haces caso.

Para ti es que yo ni existo.

 

Ni siquiera un iceberg

tiene el corazón tan frío.

Eres más cruel que la nieve

en la rama del espino.

 

Me gustas desde la escuela,

desde que éramos dos niños.

Tú nunca me hiciste caso.

Para ti yo era un canijo.

Te gustaban los macarras,

no los chicos tímidos,

y ahora estás con un borracho,

que es lo que es tu marido.

Pero ni eso me importa:

eso no ha impedido

que hoy te quiera todavía

más que nunca te he querido.

 

Pero tú no me haces caso.

¿No ves que estoy perdido?

 

Ni siquiera un iceberg

tiene el corazón tan frío.

Eres más cruel que la nieve

en la rama del espino.

 

Por tu calle paseo

entre la niebla, aterido,

a ver si te veo;

y si te veo, suspiro.

 

Cualquier día de estos

me voy a tirar al río.

 

Tu marido, el cabrón, te zurra.

Lo sé porque me lo han dicho.

Cualquier día de estos

voy y le clavo un cuchillo.

No me importa ir a la cárcel

si al salir estoy contigo.

Pero igual tú no me quieres

luego por asesino.

Y porque tienes el alma

toda sembrada de vidrios.

 

Ni siquiera un iceberg

tiene el corazón tan frío.

Eres más cruel que la nieve

en la rama del espino.