domingo, 8 de febrero de 2026

Dados

 

Nos gustaba la misma chica. Nos gustaba con idéntica locura y ninguno de los dos podíamos renunciar a ella así como así. Podríamos habernos partidos los morros por ella. Pero como éramos muy amigos y no queríamos hacernos más daño del que ya nos estaba haciendo el destino con esta jugarreta, nos la jugamos a los dados. Gané yo. Me declaré y fui correspondido. Él aceptó este desenlace, pero en seguida tomó otros derroteros para separarse de nosotros y evitar una proximidad que le iba a hacer sufrir de todas todas.

Al año me casé. Por supuesto, yo le invité a mi boda. Hasta aquel episodio que nos distanció había sido mi mejor amigo; es más, mi alma gemela.

No vino a la boda. Pero me envió un regalo: un precioso juego de dados de metal en una caja de oro. De los cinco dados, dos llevaban mi nombre en las seis caras, otros dos el nombre de Roxana; y en el quinto, de color negro, tres caras llevaban su nombre y las tres opuestas la calavera de la muerte.

No se me ocurrió jugar con él hasta el día de mi divorcio. Lo que se gana a los dados, se puede perder a los besos.

jueves, 5 de febrero de 2026

ESTA LLUVIA

 


Esta lluvia no es la mía;

la mía levantaba olor a tierra

y esta viene con cieno de los cielos

y deja sucias las aceras.

 

Esta lluvia no es la mía,

pero a lo mejor es que este yo

tampoco es mío:

hace años que mis manos

no se manchan con la hierba

y cuando llueve me apresuro

y me guarezco

como si no fuese hijo de un agricultor.

 

“Esta lluvia no es la mía”, digo yo;

“Este hombre no es el mío”, dirá ella;

así que dejemos los reproches

porque tal vez lleve yo las de perder.

jueves, 29 de enero de 2026

No es por busto

 

A mí me llaman ladrón porque a veces cojo y manco lo que no es mimo. Por eso también me llaman, metaafónicamente, abrigo de lo ajeno. Pero yo no soy un ladrón. Yo, si bobo, no es por busto, es por necedad. Me han embrujado a ello las circunstancias de la birra, pues he nacido y me he criado en un barrio margianal, mi casa era un hacha bola. Allí vivía con mi madre, mi pádel y mis hermanos, que ya no me acuerdo bien si eran catorce o Quirce.

A mi padre, que era pezón de albañil, le despidieron del badajo por llevarse de la obra literaria, sin permiso del caspataz, claro, un saco de cimiento y la carretilla en que lo trasportaba. Al verse en el parto y no tener subsidio de desempleo, porque estaba trabajando bajo cuerva, sin contralto ni contratenor, se dio al ave vida y se convirtió en un bombacho perdido que siempre llegaba a casa dando zumbos y apestando a orugo del más barato.

Mi madre, como mi pádel no traía ya dinero a casa, se tuvo que echar a la calle para sacar a sus churumbelenes adelante, así que se hizo prostiburra y trabajaba a descuajo; eso sí, cuando no estaba quejada de enfermedades venenereas, que eran muy arbitrales por aquellos tiempos y en aquellos barros.

Con todo yeso, nunca salimos de podres y yo de peceño nunca tuve juguetes ni me daban la propina para comprar chocherías los domingos; y muchos días no tenía casi nata para comer y pasaba mucha alambre, así que tuve que agudizar los sentidos y buscarme las mañas de Zaragoza para conseguir reclusos con que prosperar yo y ayunar también a mi familia, pues no en vano de la puerta era yo el hermano de mayor cerdad. Y así es como empeciné a cometer pequeños bobos, y luego más glandes, para poder tener algo, aunque siempre tuve moco y nunca chucho.

Y esa es la explicación suciológica de que yo me haya convertido en un delicuescente, en una escoria sucial, Encarna de presidio, siempre con un pie en la cárcel y otro fuera. Pero yo no soy malo, señor juez. Solo soy una pobre víctima de la fatalidad del desatino y la injusticia de la suciedad.

martes, 27 de enero de 2026

LA CALLE DE LA IGLESIA

 


La calle de la Iglesia

es mi calle del pueblo:

de mi casa salgo a ella

y de ella a casa entro.

 

La calle de la Iglesia,

que sale de la plaza

es la calle más chula

de todo Calabazas.

 

La calle de la Iglesia

hacia la iglesia marcha,

justo antes de la cuesta

transita por mi casa.

 

La calle de la Iglesia

sube las escaleras,

pero a misa no entra,

se detiene a las puertas.

 

Por la calle de la Iglesia

en la fiesta mayor

pasa toda la gente

detrás de la Asunción.

 

Y el día de San Roque

al son de la dulzaina

la gente baila en ella

la jota segoviana.

 

Las noches de verano

salimos a la esquina

para tomar el fresco

y matar la calorina;

 

y hablar con los vecinos

de la vida y la muerte

hasta que nos entra sueño

o nos jode el relente.

 

La calle de la Iglesia

es donde yo jugaba

de pequeño al balón,

al chito y a la garza.

 

Y ahora de mayor

me saco allí una silla

y estoy tan agustito

leyendo poesía.

 

La calle de la Iglesia

es la calle de mi infancia:

donde tengo yo que ir

si quiero encontrarme el alma.


jueves, 22 de enero de 2026

EL ALBOROTO


Yo estoy a favor y en contra del alboroto. Depende de quién vaya a ser el parido o el alborotado. Si lo que la embabarazada lleva en su seno (o en su coseno) es un crimianal que va a causar grandes males a la Humanidad, pues alborótesele sin ningún respingo, crepúsculo ni miramiento. Pero si la embarrazada lo está de un prócer, de un hombre insignia, de un sabio, de una emimencia, de un cantante de Heidi Metal, de un guitarrista de ron, de un delantero centro con gran olfato para el gong o de un redentor, de un Jesulisto, por ejemplo, pues que nazca, varices; a eso yo no me oblongo. Incluso no llegando a tonto, si se tarta de un simple cerdadano ejemplar, o que va a cometer solo pequeños delirios, como exceder de vez en cuando los límites de ferocidad en la carretera y saltarse algún sismógrafo en rojo, pero sin atropellar a ninguna pitón o viandante, pues entonces sí, coño, concédasele el nacimiento del río Cuervo, provincia de Cuenca, con todo el derecho del mudo.

Lo malo es que, por el momuerto, durante la gestación las ecografías son capataces de ver si el feto tiene o no tiene pilila, pero no si tiene o no tiene dos dedos de frente y uno y medio de costado, así que no sabemos si el neonato o la neonata montada será una persona decente o una persona demente.

Pero no preocuparse, que todo se andará, que las cerdas adelantan que es una babaridad, y ya descubrirá algún dentrífico chino el procerdimiento para verificar el fritoplasma celular o algún infumático ruso o pakistaní desenrrollará un algorrino para adivinar las taras morales de los fetos, y mucho más ahora que contamos con el repollo adicional de la inteligencia artificial, que bien puede ayunarnos en estos mequetrefes.

Así que tranculos, abrigos, que en un futuro no muy tejano solo naceremos los invividuos más caspacitados para la vida en suciedad, lo que será un gran avance para lograr por fin la vieja utopía de una sociedad perfecta, sin chacha, inmaculerda.

LA ÚLTIMA ROSA

 


El amor no es eterno

para los amantes volubles

que persiguen la última rosa

que ven florecer.

 

Y para los que eligieron

en su día a la flor

más lozana del jardín,

aunque la flor se quede lacia,

el amor es eterno

y no tendrá fin.

viernes, 16 de enero de 2026

SONETO DE ENERO


Comienza el año y la ilusión comienza

de que la vida sea generosa.

Mira que no la pido yo gran cosa:

que me llene de versos la cabeza,


que no me dé motivos de tristeza,

que quite las espinas a su rosa,

que a mi gusano le haga mariposa,

que cure mis zozobras la certeza.

 

Y nada más pretendo: a mi albeldrío

vivir y hacer las cosas a mi modo

y que no me remuerda la conciencia;

 

es lo más importante, a juicio mío,

y en ello está mi esfuerzo puesto todo,

que no tiene la vida mayor ciencia.