¡¿Será posible que
ahora,
cuando más cuajado
y recio estoy,
se me emasculan
las certezas,
se me encallejonan
los confines,
se me hibridan los
festivos con los días laborales
y paso de los
juernes a los dominlunes
y de los
primaveranos a los otoñinviernos
perdiendo la fe y
recuperando la esperanza
como el niño que
soy avejentado por el futuro,
como el viejo que
soy aniñado por el pasado,
como el eterno
adolescente que soy
en la adolecida
duración del presente?!
Pues en esto me he
convertido yo oy,
en un revés de mí,
en un ím,
en un ser que es
res,
que va hacia de
donde viene
y viene de hacia
donde va
y le has pillado
justo en medio del camino
y justo en el
momento en que se ha dado cuenta
de que la
encrucijada es una rotonda.
Y ahora estate
calladito
y déjame pensar
si me merece la
pena acelerar el paso
o me conviene
recular.