amantes con contrato vitalicio,
cada noche es más difícil encontrar
luciérnagas que no sean LED,
cada hora es más difícil encontrar
un minuto en el que respirar sintiendo el aire,
cada verano es más difícil encontrar
aquella playa nocturna del primer baño desnudos,
cada funeral es más difícil encontrar
una esperanza en la resurrección;
cada achaque, cada revisión médica, cada susto
es más difícil encontrar vestigios
de la juventud perdida;
cada viaje es más difícil encontrar
un paisaje que te diga Quédate,
cada juego es más difícil encontrar
al niño que jugaba a todas horas
y todos los juegos le divertían,
cada madrugada es más difícil encontrar
una persiana que no haya sido levantada.
Y, sin embargo, los auténticos malabaristas
no se rinden
y ensayan cada día
el más difícil todavía.
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