Esta lluvia no es la mía;
la mía levantaba olor a tierra
y esta viene con cieno de los cielos
y deja sucias las aceras.
Esta lluvia no es la mía,
pero a lo mejor es que este yo
tampoco es mío:
hace años que mis manos
no se manchan con la hierba
y cuando llueve me apresuro
y me guarezco
como si no fuese hijo de un agricultor.
“Esta lluvia no es la mía”, digo yo;
“Este hombre no es el mío”, dirá ella;
así que dejemos los reproches
porque tal vez lleve yo las de perder.
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