Amiga —¡qué alegría así llamarte
Reconociendo tu coraje humano!—,
Acumulas ofrendas en tu mano,
Caricias tu sonrisa nos reparte.
El cielo, del que debes formar parte,
Le sentimos contigo más cercano;
Inviernos no permite tu verano
Si en la nieve tu risa se hace arte.
Aumentas con tu fértil alegría
Nuestra ansia de vivir también a fondo
Con alma enternecida de clavel.
He aprendido de ti la poesía,
El jugo de tu corazón redondo,
Zafiro que en su luz destila miel.
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