La madre de la madre de Rubén, o sea, la abuela de Rubén, hacía una receta de pollo al curry con la que toda la familia se chupaba los dedos, una receta insuperable, tanto es así que la madre de Rubén nunca se había atrevido a hacerla.
Pero ese sábado por la mañana estaba especialmente contenta, estaba exultante porque a primera hora la habían traído de la mueblería el nuevo sofá blanco y el salón-comedor de su pisito resplandecía, tenía una luminosidad que renovaba las ganas de vivir y hasta de cocinar. Así que para celebrarlo decidió hacer por primera vez la receta de pollo al curry de su madre y así, de paso, honraba su memoria, pues la abuela había fallecido un par de años antes.
Se fue a comprar todos los ingredientes y, a la vuelta, se puso el delantal y a la tarea. Venga a salpimentar y freír los trozos de pollo. Venga a pochar el ajo y la cebolla. Venga a sofreír el tomate. Venga a incorporar el curry, la cúrcuma y el jengibre. Venga a verter la leche de coco y a dar vueltas a la mezcla. Venga a añadir el pollo y reducir la salsa. Todo con alegría y contento, pero bajo la presión del recuerdo de la insuperable receta de su madre.
Por fin el guiso está preparado. La madre de Rubén coge un tenedor, pincha un trozo de pollo y se lo lleva a la boca con un algo de ilusión y un algo más de miedo. A medida que mastica y el sabor del pollo al curry inunda su paladar, se apodera de ella el entusiasmo y una amplia sonrisa se dibuja en su cara. El pollo está delicioso. Como el de su madre, vaya. Exactamente igual.
A la hora de comer, los cuatro miembros de la familia acuden al salón-comedor. Todos ponderan lo bien que queda el nuevo sofá blanco. Con él, el comedor parece enteramente nuevo. Se sientan a la mesa tan contentos. La madre de Rubén se acerca a la cocina, trae la fuente de pollo al curry y la deja en el centro de la mesa esperando la reacción de su familia. ¡Pollo al curry!, se sorprenden todos. No lo comíamos desde que falleció la abuela, dice Rubén, el hermano mayor. ¡Qué bien! Ya todos se están relamiendo. Jorge, el hermano pequeño, coge su vaso y alarga el brazo para que su padre se le llene de agua con la jarra que tiene al lado. El padre llena el vaso. Al retirar el brazo, a Jorge se le escurre el vaso y se estalla contra el borde de la fuente de pollo al curry, que también es de cristal. Ojos de pánico en todas las caras. Decenas de pedacitos de cristal desparramados sobre el pollo al curry. Todos pueden verlos. Imposible quitarlos. Todos contienen la respiración. Se hace un silencio sepulcral. La madre de Rubén, que es una mujer muy temperamental, se mantiene tranquila, no dice nada. Rubén piensa Esta no es mi madre. El padre piensa Esta no es mi esposa. Jorge comprende la situación y rompe a llorar. Rubén mira a su madre. Permanece impasible. Pero él la conoce. ¡Va a estallar! ¡Va a estallar!, piensa. Pero no estalla. Menos mal.
Entonces a Rubén se le ocurre decir Bueno, no pasa nada.
Y entonces ahí ya sí. Ahí ya sí que sí. La madre de Rubén estalla:
—¡¿Cómo que no pasa nada?! ¡Toda la santa mañana cocinando el pollo al curry para ahora esto!
Y sin levantarse de la silla, coge con ambas manos la bandeja de pollo al curry y la lanza hacia atrás por encima de su cabeza, con tan mala fortuna que va a parar al resplandeciente sofá blanco. Todos se quedan pasmado, mudos, aunque con la boca abierta. Jorge, causante del estropicio inicial, redobla su llantina. Rubén piensa Esta sí es mi madre. El padre piensa Esta sí es mi esposa. Y la madre, que piensa el doble que los demás, piensa por un lado ¡A ver qué comemos ahora, porque no hay nada en la nevera y a esta hora está ya todo cerrado; y, por otro, ¡A ver cómo saco yo ahora el curry de la tapicería del sofá! ¡Y encima con lo bien que me había salido la receta, que estaba de rechupete!
Ese sábado se comieron en casa de Rubén, sin protestar, en absoluto silencio, sin abrir la boca más que para engullir, un sobre de salchichas, que era lo único que quedaba en la nevera, calentadas al microondas y aderezadas con un churretón de quechu.
Hasta la fecha, la receta de pollo al curry no ha vuelto a ser cocinada. Demos tiempo al tiempo, al César lo que es del César, y a la madre de Rubén lo que es de la madre de Rubén (aunque la receta original es de la abuela).
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