miércoles, 11 de marzo de 2026

STENT

 


A mi amigo Eduardo

le han puesto otro stent en el corazón

y sigue fumando,

el maricón,

como si morirse

no fuese tan importante.

 

El día que me falte

este amigo,

como ya me faltan otros,

me llevaré un buen disgusto;

y a la poesía,

que es su fuerte,

la temblarán las piernas

y la darán sudores

y ya no la bajará la regla.

 

¡Bendito stent

y maldito tabaco!;

compartiendo piso

en el pecho de mi amigo

el ángel de la guarda

y el mismísimo diablo.

 

Y yo tragando humo

como un condenado,

y leyendo poemarios

que huelen a cigarro;

es el precio que tengo que pagar

para disfrutar de su compañía,

de su charla serena

y de su ginebra Xoriguer de Mahón,

donde nació por azar,

o más bien por destino

(militar)

para luego ser cántabro

o no sé si más bien santanderino

(a ver si esto me lo explica bien un día,

quiero decir una noche, o madrugada,

de café, poesía, charla y ginebrazo),

para luego venir a penar a Carabanchel

(pero fuera de la cárcel)

y acabar en la calle Guabairo,

que parece que estamos en el Caribe, coño,

con dos gatos que no pueden ser más distintos:

el uno se esconde cuando llego

y no dice ni fu

y el otro viene mimosos y se me sube a las piernas

para que le acaricie mientras sorbo mi café

y le intento convencer a Eduardo

de que escriba un soneto

(que no lo ha hecho nunca, el jodío),

pero es imposible

(como lo de dejar de fumar),

tiene su poética ya definida

y cambiarle una coma

o cercenarle una rima

es querer subir al Everest en pelotas

o bajar a la fosa de las Marianas buceando a pulmón.

 

En fin, que escriba como le dé la gana,

que no soy su corrector;

pero que me siga invitando

a café, poesía y ginebra de Mahón.

 

Y como tampoco soy su cardiólogo,

que fume lo que quiera.

 

¡Pero, cojones,

que no se me muera!

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