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viernes, 24 de julio de 2026

El despertar


Abro los ojos al despertar y lo primero que siento es miedo. Miedo de encontrar un hueco, una sima, un precipicio, un agujero negro, una fosa abisal. Miedo, sencillamente, a que no estés en mi cama.

Pero me doy la vuelta y estás, bella durmiente. Bella durmiente que a veces roncas. Bella durmiente que a veces te levantas al baño en mitad de la noche haciendo más ruido que un elefante. Bella durmiente que a veces te desvelas y te revuelves como si hubiese hormigas entre las sábanas.

Verte equilibra el mundo y le compensa hacia el amanecer. Así sí que se puede afrontar la jornada con ganas y con garantías. Ya hay algo bueno en la claridad de la mañana. El azul tiene en quien reflejarse.

Me imagino sin ti y me veo viviendo debajo de un puente, despertando entre trapos viejos y cachivaches recogidos de la basura. Me veo sin agua para lavarme y sin nada que desayunar. Un desastre completo que no sabe organizarse. Pero contigo, en cambio, soy más organizado que tú misma.

Vuelvo a cerrar los ojos para dar la última cabezadita, la que mejor sabe. Dormir un poco más, ya seguro de que duermes a mi lado, ya sin pesadillas, ya beatífico, como duermen los ángeles de la guarda tras recuperar un alma de las zarpas del diablo.

martes, 21 de julio de 2026

El último terceto

 

Por la noche, antes de acostarme, había leído el soneto “Amor” de Juana de Ibarbourou y mientras me lavaba los dientes se me había ocurrido a mí el primer cuarteto de otro soneto relacionado con ese mismo tema. Le anoté en el cuaderno que siempre tengo junto al lavabo y me fui a la cama tratando de pergeñar el segundo cuarteto. Algo se me iba ocurriendo, pero me quedé dormido y se acabó.


Lo retomé a la mañana siguiente. Con los motivos entrevistos la noche anterior mientras me quedaba dormido y lo que se me ocurrió bajo la ducha, terminé de vestirme, cogí el cuaderno de lavabo, que bien puedo así llamarle, y añadí el segundo cuarteto, con rimas diferentes al anterior, que me gusta más así y es más fácil.


Abordé la composición del primer terceto ya en el coche, de camino al dentista. Entre semáforo y rotonda no tardó en venírseme a la mente la idea que necesitaba y logré ponerla en tres endecasílabos con rima CDE justo cuando aparcaba.


Ya solo quedaba lo más difícil, el tercero de remate, que es como una tuerca con arandela y ha de cerrar el soneto a la perfección tanto en la rima como en la idea. O sea, que hay que dar con la idea de remate y ajustarla a esa rima CDE configurada en el terceto anterior.

 

Pues a ello me dispongo ya reclinado en la tumbona de mi dentista, la doctora Ana. Y pienso Mira tú que bien, que así me distraigo mientras me hace la endodoncia y sufro menos.

 

El pinchazo de la anestesia y no puedo pensar en el terceto. El traqueteo del taladro en la muela 26 y no me concentro en el terceto. Los urgues y reúrgues en el diente con la lima, el tiranervios y el escariador y cualquiera piensa en el terceto… Los aparatejos de comprobar que se ha matado el nervio y el terceto a la porra. Los emplastes del sellado provisional y no hay terceto que valga.

 

Cuando me levanto de la tumbona dolorido y con la recomendación de tomar paracetamol cada 4 horas si hace falta y paso por caja y pago 220 euros y me marcho para mi casa con cita para la reconstrucción dentro de 15 días, lo que se me ocurre no es un terceto de amor, sino un terceto satírico contra los dentistas, que, además, me sale a la primera, como dictado por una musa desdentada y con halitosis. Así que cuando llego a casa, cojo el cuaderno de lavabo, añado las dos estrofas ideadas en el coche y las remato con el terceto odontológico. Conservando las rimas originales y retocando los versos de amor (algunos casi nada) para reajustarlos al nuevo tema dentrífico, me ha quedado un soneto-diatriba niquelado. Solo que no os le puedo mostrar aquí, porque, aunque es poco probable, siempre existe la remota posibilidad de que pudiera leerle la doctora Ana.

 

Y todavía tengo pendiente la reconstrucción.         

martes, 7 de julio de 2026

Fiesta en la plaza

 

Los murciélagos hambrientos se tragan las miradas furtivas de la calurosa noche, revoloteando sobre la plaza en fiestas.

El adolescente tímido mira bailar a la chica que le gusta y cada vaivén de su cintura le expande la bóveda celeste, pero cada mirada que ella dirige a cualquier otro chico le taladra el pecho con una broca del 17.

El soltero viejo ausculta a la viuda joven pensando si se avendría a un apaño.

El casado mira a la casada con otro que fue novia suya y añora aquellos pechos que eran un poco más pequeños que los de su mujer, pero más turgentes y se han conservado, al parecer, más firmes.

El despechado, que no encuentra quien le baile el agua y baila él solo con el vino, mira mohíno a todos y no sostiene la mirada a nadie.

La guapa hace como que no mira a nadie sabiendo que todos la miran a ella. No es la que mejor baila y aun así es a la que más se disfruta de ver bailar. ¡Qué cosa es la guapura!

Una chavala del pueblo mira a un forastero rubio que se apoya en la farola del centro de la plaza sosteniendo su cerveza y sin atreverse a bailar, no vaya a hacer el ridículo. ¡Un guapo soso es lo que ella necesita!; ella, que no es tan guapa como otras, pero mucho más salada.

El músico de la banda que toca el bajo, cuando levanta la vista de las cuatro cuerdas, mira de reojo hacia la chica que baila sin despegarse del pie del escenario y le busca con su sonrisa.

No faltan, no, en el baile en la plaza las miradas furtivas, por eso proliferan esta noche los murciélagos blepovoros que de ellas se alimentan y que rayando el alba regresan a sus grutas con la panza bien llena.

De las que ellos no han sido capaces de devorar es de las que nace el futuro.

viernes, 19 de junio de 2026

El tío Mostelas

El tío Mostelas era el borrachín del pueblo. En ir a echar un traguillo de vino a la bodega se le pasaban las mañanas y las tardes. Y aun así no lograba apagar esa sed tremenda que le entró cuando se le murió su Marcelina, que era buena y dulce y sonriente y siempre llevaba en el bolsillo del mandil confites para dar a los niños cuando nos mandaba a algún recado.

Sin embargo, el día de la Fiesta Mayor, la Purísima, se le veía a la noche, en la velada en la plaza, totalmente sobrio y bailando con criterio y sin dar un traspiés frente a la orquesta. Como era un borrachín amable, todo el pueblo le quería invitar, pero él rechazaba todas las invitaciones, diciendo:

—No. Hoy no bebo. Hoy es fiesta y hay que celebrarlo.

viernes, 29 de mayo de 2026

Muerte de Lee Morgan (Trompetista norteamericano de Jazz. Nueva York, 19 febrero 1972)

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. 33 años tenías, la edad de Jesucristo; pero, claro, no tenías su virtud. Él redimía a las adúlteras y a las prostitutas. Tú eras un adúltero y te gustaban las putas. Desangrados moristeis los dos: él en una cruz, tú en un club de jazz. Su muerte dicen que sirvió para algo; para mucho, para redimir al mundo, nada menos. La tuya no valió para nada: otra muerte inútil que dejó llorando a las trompetas huérfanas.

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. La infidelidad tú la pusiste, el despecho tu esposa Helen; y la nieve, Nueva York. Helen te recogió de la calle cuando eras una piltrafa y estabas carcomido por la miseria y la heroína. Hasta habías empeñado la trompeta. Te metió en su casa, te metió en su cama, te metió en un centro de desintoxicación y hasta te arregló los dientes para que pudieras embocar bien la trompeta. Y cuando estuviste limpio, cuando volviste a ser un hombre y un músico privilegiado, a tu lado estuvo, vigilante, llevando tu carrera como manager, cuidando que cumplieras tus contratos, que no consumieras drogas y que alcanzases el máximo prestigio como trompetista de jazz. Y así fue, Lee. Con ella llegaste a ser el mejor. Los que querían subir al cielo acudían a escucharte. Y, para escucharte mejor, del cielo bajaban cada noche los 7 arcángeles y se camuflaban entre el público del club de jazz. Aunque se les podía reconocer, porque nunca pedían bourbon.

Eras el mejor trompetista de jazz, pero no eras el mejor marido, Lee. Traicionaste a Helen, que era mucho mayor que tú, que a lo mejor era ya vieja para ti porque te sacaba 13 años. ¿Cuántos años la sacabas tú a Judith Johnson, con la que estabas cuando te disparó Helen en el club Slug’s Saloon del East Village de Nueva York? A lo mejor no te considerabas un adúltero porque no os habíais casado. Pero ella era tu mujer a todos los efectos, eso no lo puedes negar, Lee. Ni tampoco puedes negar que te quería, Lee. Obraste mal, Lee. No quiero decir con esto que merecieras la muerte, Lee; solo que a lo mejor no merecías el amor.

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. La infidelidad la pusiste tú. Te la sirvió en bandeja Judith Johnson, que era joven y guapa y alocada y divertida; pero la pusiste tú. El despecho le puso Helen, y bien puesto te le puso, en forma de balazo en el pecho. Y la nieve la puso Nueva York. La nieve que había ido cayendo lentamente y ahora hacía que la ambulancia avanzase por las calles lentamente mientras tú te desangrabas lentamente durante toda una lentísima hora.

Los 7 arcángeles, que habían bajado también esa noche a escucharte al Slug’s Club, te subieron al cielo. El más joven lloraba. Iba tarareando, como si tocase la trompeta, las notas de Melancholee.

lunes, 25 de mayo de 2026

Suicidios habituales

Todos los domingos después de misa saco un hueco para acercarme hasta el precipicio de Punta Blanca. Allí me siento sobre la roca viva, al borde, con los pies colgando sobre el abismo. Y en esa postura reflexiono sobre la vida y la muerte. Sobre la vida que me ha tocado morir y sobre la muerte que me ha tocado vivir.

Pienso en Alba, que se fue cuando más la necesitaba, con la excusa de que el pueblo se la quedaba pequeño. Pienso en Julián, mi mejor amigo, mi único amigo durante mucho tiempo, que al cabo me birló mi primera novia y mira que le dije cientos de veces en nuestras confidencias que era el amor de mi vida y ni por esas, o precisamente por eso, el muy cabrón. Pienso en Alfonso, que parecía un estupendo compañero de trabajo, y en realidad lo fue hasta que hubo reformas en la empresa y había que ascender a jefe a uno de nuestra sección y despedir a todos los demás. Se me agolpan en la memoria todos los puñeteros errores que he cometido a lo largo de mi vida y me contemplo solo y fracasado y sin perro que me ladre y sin chica que me bese y sin amigos que me inviten a su barbacoa.

Entonces siento tanto dolor y tanto desprecio por mí mismo que vuelvo los ojos a la espuma acogedora que bulle allá abajo, en el rompiente, y me arrojo al mar harto de todo y de todos.

Me mato, sí. Pero no lo suficiente. El lunes a las 8 en punto vuelvo a estar en mi puesto de trabajo para suicidarme de nuevo desangrándome poco a poco durante 40 horas semanales.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Parábola de los ceros gemelos


Aquellos dos ceros gemelos, 0’ y 0’’, viendo que juntos representaban muy poquita cosa y no llegaban a nada, decidieron separar sus caminos y echaron a andar en direcciones contrarias. 

Tras largo, largo, largo recorrido, ambos encontraron a su uno, se enamoraron y formaron pareja. Pero 0', que era un soberbio, se empeñaba en colocarse siempre el primero, anulando por completo a su pareja; y así no pasó jamás de ser un cero a la izquierda. 

Su hermano 0’’, en cambio, que era humilde, pues comprendía muy bien su verdadera condición y asumía con naturalidad sus limitaciones, cedía el protagonismo a su pareja y la dejaba mandar; él  siempre detrás, siempre a su rebufo, haciéndola brillar y brillando junto a ella.


martes, 12 de mayo de 2026

Parábola del redentor



El redentor de los inválidos les arengaba con ardorosas palabras incitándoles a la acción. Pero unos no le oían porque eran sordos, otros no le encontraban porque eran ciegos y los demás no podían seguirle porque estaban lisiados.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Sor Viandas

Sor Viandas, la despensera, estaba gorda como un trullo. El pecado de la gula no la pillaba nunca porque iba siempre muy por delante de él. Atacaba los embutidos y los quesos de la despensa sin contemplaciones. La madre abadesa lo sabía, pero no la decía nada porque era su prima y porque por su culpa estaba recluida en el convento. Años atrás la había birlado el novio, cuando eran las dos mocitas y su prima estaba ennoviada con el Casimiro, el hijo del molinero, y llegaron las fiestas del pueblo, la Purísima y San Roque, para más señas, y ella se puso a bailar con él un agarrao y le clavó los pezones y él la arrimó la cebolleta y acabaron calientes y se fueron pa los prados a hacer guarrerías.

Aquello trajo cola y hubo líos entre las familias, que hasta ese momento estaban muy bien avenidas y comían todos juntos el día de la fiesta, la Purísima en casa de los unos y San Roque en casa de los otros; además de hacer la matanza a medias y cambiarse las tierras que les lindaban, para mayor rentabilidad.

La cosa se resolvió mandando a las dos al convento y dejando al Casimiro sin ninguna; y así anda, el pobre, más soltero que la una y con cierta propensión al tintorro, que cogió mala fama con el episodio aquel y ya no se le arrimó ninguna.

En el convento, la abadesa llegó a abadesa porque estaba más preparada y era más lista. Y sor Viandas llegó a despensera porque era lo que la gustaba y porque así se lo exigió a su prima cuando llegó a abadesa, bajo amenaza de contarle a las otras monjas por lo bajini sus devaneos de mozuela para socavar su autoridad. La madre abadesa, claro está, prefirió perder tres chorizos y dos quesos a la semana, antes que su piadosa credibilidad para el resto de sus días, y sobre todo ahora que aspiraba al puesto de Superiora General de su congregación.

martes, 21 de abril de 2026

Sor Luminaria

 

Sor Luminaria de Todos los Ángeles, de seglar Catalina Barreiro Donoso, es la encargada de encender y apagar las luces en las distintas dependencias del convento, así como de cuidar que las imágenes sagradas tengan siempre su velita encendida y nunca se apaguen los cirios del altar mayor de la capilla. La Madre Superiora la ha asignado para esta tarea porque la gusta y porque vale para ella, como para todo.

Sor Luminaria es una lumbrera, solo que los avatares de la vida la habían conducido por la senda del pecado. Cuando ella nació, sus padres, campesinos pobres, iban ya por los 16 hijos, así que a ella se la dieron a un tratante de ganado que pasó y se encaprichó de los ricitos rubios de la nena y se la pidió a los padres prometiendo para la niña una vida de comodidades bajo la tutela de su esposa, a la que la encantaban los niños, pero, por esos azares de la vida, o designios del Señor, que dicen otros, no podía concebirlos.

Todo ello era verdad y gozó la nena de unos años de cariño y vida holgada. Pero tuvo la mala fortuna de que la madre putativa se muriera repentinamente y el esposo entrara en una depresión profunda y no quisiera hacerse cargo de la vida de la niña, ya preadolescente, y ni siquiera de la suya propia, así que se la encomendó a un amigo que resultó ser un sinvergüenza y creyéndola bien colocada, hizo una excursión al monte y se tiró desde un risco.

El sinvengüenza del amigo, que era un putero de tomo y lomo, en vez de ejercer de padre putativo de la chica lo que hizo fue meterla puta; eso sí, después de desvirgarla por la fuerza. Se la ofreció por unas perras y visitas gratis al prostíbulo a la madama del que él frecuentaba más, que era el de doña Quiteria, que era más seca que un sarmiento y más mezquina que un cacillo de ceniza. Allí consumió la pobre muchacha sus mejores años, entre las babas de los más babosos de la localidad. Pero era buena en el oficio, como en todo, y en aquel prostíbulo acaparó para ella sola el apodo de toda la profesión, y allí se la reclamaba como Lina, la Lumi.

Cuando tras muchos años de infecto puterío se la descolgaron las carnes y ya no la reclamaban los clientes, la nueva doña Quiteria, que ahora se llamaba doña Petrola, la puso de patitas en la calle y en la calle tuvo que buscarse la vida, de puta callejera, que es de las peores vidas que puede haber. En la calle se buscó sus mañas y en ella fue sobreviviendo hasta que un día cuatro golfos que venían borrachos la dieron una paliza por pura diversión y acabó en el hospital de beneficiencia.

Menos mal, porque eso fue su salvación. Allí la atendieron las monjitas de la Caridad, y a través de ellas vio la luz y descubrió al Señor y hasta al prójimo, pero no al prójimo como apestoso cliente de burdel, sino como enfermo espiritual necesitado de comprensión y de afecto.

Y así fue como Lina, la Lumi, se convirtió en sor Luminaria de Todos los Ángeles. Podéis daros mil vueltas por el convento. No veréis encendida una luz que tuviese que estar apagada ni veréis apagada una vela que tuviese que estar encendida.

miércoles, 8 de abril de 2026

Sor Dakota

Sor Dakota fue en sus buenos tiempos jipi. Sí, una jipi norteamericana que se vino a la Costa del Sol a vivir la vida natural y el amor libre; el desparrame, vaya. Y fruto de aquel desparrame quedó preñada y bien preñada, aunque no supo de quién, porque allí copulaban todos con todos y a todas horas, que para eso se hacían jipis la mayoría. Y digo que bien preñada porque la nacieron mellizos. Mellizos y bien rollizos. Como no tenía recursos y se vio sola y abandonada por su comuna, porque con dos bebés a los que no quiso renunciar ya no valía para el cachondeo y nadie la prestaba demasiada atención, tuvo que acogerse a la beneficiencia de la Santa Madre Iglesia, que, en este caso, fue madre suya y abuela de los mellizos.

A los mellizos los metieron en un orfanato gestionado por monjas. Y ella, con el afán de madre y por no separarse de sus hijos, se hizo monja para poder estar con ellos en el mismo orfanato. Pudo conjugar así su vocación de madre y su vocación religiosa; porque la descubrió, en efecto, al tener que practicarla. Reconvirtió su jipismo en devoción y espiritualidad. Le pareció que las monjas no eran más que unas jipis místicas, pero eso sí, mucho más auténticas y comprometidas que sus excompañeros de parranda, y sin más drogas que la oración.

Con el tiempo los gemelos salieron del orfanato. Uno es mecánico en un taller de motos; otro, representante de una marca de gafas, y a cuenta de eso se recorre todas las ópticas de la Costa del Sol. A lo mejor alguna de ellas es de su padre, pues aquellos jipis de antaño, niños de buenas familias, acabaron montando sus negocios.

Los gemelos no se olvidan de su madre y todos los domingos van a misa al orfanato y así la ven y la abrazan; y, de paso, cumplen el precepto. Y sor Dakota no cabe en sí de gozo al contemplar a esos dos buenos cristianos, a esos dos mocetones altos como castillos y rubios como melocotones, como ella, pero con unos ojos oscuros que si se les mira bien a la cara parecen bandoleros de Sierra Morena.

domingo, 5 de abril de 2026

Muerte de Delmira Agustini (poeta modernista uruguaya; Montevideo, 6 julio 1914)

¡Delmira Agustini, poetisa sagrada, sacerdotisa del rosario de Eros! ¡Con solo 27 años y ya te fuiste con los astros del abismo! ¿Por qué te casaste con Enrique Job Reyes si no sabía escribir en tu libro blanco ni escuchaba tus cantos de la mañana ni podía llenar tus cálices vacíos? ¿Amabas, tal vez, al argentino Manuel Ugarte, que era poeta, como tú?

A los 53 días de tu boda abandonaste el domicilio conyugal y te volviste a casa de tus padres. Y, sin embargo, mientras tramitabas el divorcio, te seguías viendo a escondidas con tu esposo en una habitación alquilada. Allí, en esos encuentros furtivos de dos horas, ¿qué tratabas de aplacar?, ¿tu ardor?, ¿sus celos?

Aunque allí le entregases tu cuerpo, tu espíritu no estaba al alcance de su mano y él lo supo ver, pero no lo aceptó. En vez de ser comprensivo y magnánimo, tras gozar por última vez de ti y mientras tú te vestías sentada en la cama, agarró la pistola que ya tenía preparada y acercándose por la espalda te descerrajó dos tiros en la cabeza. Y luego se disparó él. Ni quería que vivieras para otros ni quería vivir sin ti.

Solo nos queda el consuelo de leer tu poesía, que va siempre acompañado del lamento por lo que hubieras sido capaz de escribir si los astros del abismo no te hubiesen tan prematuramente acogido en su seno. Hoy, cuando miramos al abismo, sabemos que en él palpita un astro nuevo que se llama Delmira.

lunes, 23 de marzo de 2026

Pollo al curry

 

La madre de la madre de Rubén, o sea, la abuela de Rubén, hacía una receta de pollo al curry con la que toda la familia se chupaba los dedos, una receta insuperable, tanto es así que la madre de Rubén nunca se había atrevido a hacerla.

Pero ese sábado por la mañana estaba especialmente contenta, estaba exultante porque a primera hora la habían traído de la mueblería el nuevo sofá blanco y el salón-comedor de su pisito resplandecía, tenía una luminosidad que renovaba las ganas de vivir y hasta de cocinar. Así que para celebrarlo decidió hacer por primera vez la receta de pollo al curry de su madre y así, de paso, honraba su memoria, pues la abuela había fallecido un par de años antes.

Se fue a comprar todos los ingredientes y, a la vuelta, se puso el delantal y a la tarea. Venga a salpimentar y freír los trozos de pollo. Venga a pochar el ajo y la cebolla. Venga a sofreír el tomate. Venga a incorporar el curry, la cúrcuma y el jengibre. Venga a verter la leche de coco y a dar vueltas a la mezcla. Venga a añadir el pollo y reducir la salsa. Todo con alegría y contento, pero bajo la presión del recuerdo de la insuperable receta de su madre.

Por fin el guiso está preparado. La madre de Rubén coge un tenedor, pincha un trozo de pollo y se lo lleva a la boca con un algo de ilusión y un algo más de miedo. A medida que mastica y el sabor del pollo al curry inunda su paladar, se apodera de ella el entusiasmo y una amplia sonrisa se dibuja en su cara. El pollo está delicioso. Como el de su madre, vaya. Exactamente igual.

A la hora de comer, los cuatro miembros de la familia acuden al salón-comedor. Todos ponderan lo bien que queda el nuevo sofá blanco. Con él, el comedor parece enteramente nuevo. Se sientan a la mesa tan contentos. La madre de Rubén se acerca a la cocina, trae la fuente de pollo al curry y la deja en el centro de la mesa esperando la reacción de su familia. ¡Pollo al curry!, se sorprenden todos. No lo comíamos desde que falleció la abuela, dice Rubén, el hermano mayor. ¡Qué bien! Ya todos se están relamiendo. Jorge, el hermano pequeño, coge su vaso y alarga el brazo para que su padre se le llene de agua con la jarra que tiene al lado. El padre llena el vaso. Al retirar el brazo, a Jorge se le escurre el vaso y se estalla contra el borde de la fuente de pollo al curry, que también es de cristal. Ojos de pánico en todas las caras. Decenas de pedacitos de cristal desparramados sobre el pollo al curry. Todos pueden verlos. Imposible quitarlos. Todos contienen la respiración. Se hace un silencio sepulcral. La madre de Rubén, que es una mujer muy temperamental, se mantiene tranquila, no dice nada. Rubén piensa Esta no es mi madre. El padre piensa Esta no es mi esposa. Jorge comprende la situación y rompe a llorar. Rubén mira a su madre. Permanece impasible. Pero él la conoce. ¡Va a estallar! ¡Va a estallar!, piensa. Pero no estalla. Menos mal.

Entonces a Rubén se le ocurre decir Bueno, no pasa nada.

Y entonces ahí ya sí. Ahí ya sí que sí. La madre de Rubén estalla:

—¡¿Cómo que no pasa nada?! ¡Toda la santa mañana cocinando el pollo al curry para ahora esto!

Y sin levantarse de la silla, coge con ambas manos la bandeja de pollo al curry y la lanza hacia atrás por encima de su cabeza, con tan mala fortuna que va a parar al resplandeciente sofá blanco. Todos se quedan pasmado, mudos, aunque con la boca abierta. Jorge, causante del estropicio inicial, redobla su llantina. Rubén piensa Esta sí es mi madre. El padre piensa Esta sí es mi esposa. Y la madre, que piensa el doble que los demás, piensa por un lado ¡A ver qué comemos ahora, porque no hay nada en la nevera y a esta hora está ya todo cerrado; y, por otro, ¡A ver cómo saco yo ahora el curry de la tapicería del sofá! ¡Y encima con lo bien que me había salido la receta, que estaba de rechupete!

Ese sábado se comieron en casa de Rubén, sin protestar, en absoluto silencio, sin abrir la boca más que para engullir, un sobre de salchichas, que era lo único que quedaba en la nevera, calentadas al microondas y aderezadas con un churretón de quechu.

Hasta la fecha, la receta de pollo al curry no ha vuelto a ser cocinada. Demos tiempo al tiempo, al César lo que es del César, y a la madre de Rubén lo que es de la madre de Rubén (aunque la receta original es de la abuela).

miércoles, 11 de marzo de 2026

Cuarentena



Llevaba unos días con dolor en el pecho, dificultad para respirar y sudoración excesiva, así que acudí alarmado a mi cardiólogo. Me ha diagnosticado miocardiopatía de takotsubo. Que me han roto el corazón, vaya. Y yo sé quién ha sido.

El cardiólogo no me quiere dar medicación. Me ha citado para un ecocardiograma dentro de 5 semanas. Y, sobre todo, me ha puesto en cuarentena. Eso es lo más importante, me ha dicho. Debo guardar reposo absoluto, me ha insistido. Por el momento, que no vuelva a enamorarme, me ha advertido con rostro severo.

Preguntado insistentemente por mí sobre la duración de la cuarentena, no sabe precisar si será de 40 días, 40 meses o 40 años. El ecocardiograma irá diciendo.

domingo, 8 de marzo de 2026

Estimado Sr. Dédalo

 


Estimado Sr. Dédalo:

¡Pero, hombre, por Dios! ¿Cómo se le ocurre a usted fabricar unas alas pegando las plumas con cera, teniendo a su disposición en nuestros establecimientos una variada gama de los más potentes pegamentos industriales?

Para sus próximos proyectos cuente con nuestro asesoramiento y evitará descalabros. Visite cualquiera de nuestras tiendas, donde será convenientemente atendido por nuestro personal especializado, que le recomendará el tipo de materiales y pegamentos más adecuados para llevar a cabo sus proyectos con calidad absolutamente profesional.

Entre nuestra variada gama de adhesivos superpotentes tenemos el LOOLIFT 480, de secado instantáneo y resistencia a altísimas temperaturas, por si quisiera su hijo Ícaro volver a acercarse al sol, pero sin que se le derritan las alas, como le pasó con la cera, y sin pegarse el porrazo que se pegó, que fue de dimensiones míticas y ha quedado en los anales de la historia.

Y si esta marca no es de su agrado, tenemos otras: TEROSON PU 6700 M, B-7000, WURTH SUPER FAST, JXUX 498, FORCH, ARALDITE, PATTEX, UHU, KAFUTER, PETEC, GEB, MUGAR, WOLFPACK, WEICON, 3M, IRONTEK IT 118 y cualquier otro producto que usted nos demande.

No lo dude. Consúltenos. Estamos a su servicio. Ayudar a conseguir lo imposible es nuestro lema.

                           Atentamente, 
                           Salustiano Pegamoide, Director de Atención al Cliente de Lirón Merlín.

lunes, 23 de febrero de 2026

EL ANCIANO Y LAS PALOMAS


El anciano llega parsimonioso al parque con su bolsa de pan duro. Se sienta en el banco más apartado y desmiga en derredor los chuscos. Empiezan las palomas a acudir. Cuando las aves le rodean por completo esboza una sonrisa de complacencia. Echa mano a la chaqueta y saca su viejo chisquero de un bolsillo y del otro un petardo.

¡Bum! Las palomas levantan el vuelo todas al unísono con un estruendo casi similar al del petardo. El anciano ríe a carcajada limpia enseñando las encías desdentadas. 

Es la última vez que juega a ser niño. Mañana morirá. Agonizará escuchando el aleteo de esas palomas, que se le llevan, que se le llevan...  

sábado, 21 de febrero de 2026

El diluvio personal

Tú no sabes lo que es vivir bajo un paraguas. Tú no sabes lo que es pisar ranas con los pies desnudos, ni dormir con las sábanas mojadas, ni esperar a las citas bajo la lluvia sin soportales, ni vestir a todas horas este impermeable gris, ni conducir siempre con el limpiaparabrisas activado. Tú no sabes lo que es no poder sentarse en una terraza a tomar el sol y una cerveza, renunciar a ir a la sierra, a pasear por la playa, a participar en merendolas campestres. Tú no sabes lo que es comer la sopa aguachinada y beber vino aguado. Tú no sabes lo que es que de la humedad te salgan hongos entre los dedos de los pies y que en vez de cruzarte por las calles con gatos y perros te cruces con sapos y renacuajos. Tú no sabes lo que es vivir siempre pendiente de las nubes, meter cada dos por tres los pies en un charco, que la humedad te cale hasta los huesos y más allá, hasta la raspa del alma.


Tú no lo sabes. Y no lo quieras saber. Si alguna vez la lluvia te pilla en descampado, corre a guarecerte cuanto antes; corre, corre, corre, antes de que te empape y se encapriche de ti.

domingo, 8 de febrero de 2026

Dados

 

Nos gustaba la misma chica. Nos gustaba con idéntica locura y ninguno de los dos podíamos renunciar a ella así como así. Podríamos habernos partidos los morros por ella. Pero como éramos muy amigos y no queríamos hacernos más daño del que ya nos estaba haciendo el destino con esta jugarreta, nos la jugamos a los dados. Gané yo. Me declaré y fui correspondido. Él aceptó este desenlace, pero en seguida tomó otros derroteros para separarse de nosotros y evitar una proximidad que le iba a hacer sufrir de todas todas.

Al año me casé. Por supuesto, yo le invité a mi boda. Hasta aquel episodio que nos distanció había sido mi mejor amigo; es más, mi alma gemela.

No vino a la boda. Pero me envió un regalo: un precioso juego de dados de metal en una caja de oro. De los cinco dados, dos llevaban mi nombre en las seis caras, otros dos el nombre de Roxana; y en el quinto, de color negro, tres caras llevaban su nombre y las tres opuestas la calavera de la muerte.

No se me ocurrió jugar con él hasta el día de mi divorcio. Lo que se gana a los dados, se puede perder a los besos.

jueves, 29 de enero de 2026

No es por busto

 

A mí me llaman ladrón porque a veces cojo y manco lo que no es mimo. Por eso también me llaman, metaafónicamente, abrigo de lo ajeno. Pero yo no soy un ladrón. Yo, si bobo, no es por busto, es por necedad. Me han embrujado a ello las circunstancias de la birra, pues he nacido y me he criado en un barrio margianal, mi casa era un hacha bola. Allí vivía con mi madre, mi pádel y mis hermanos, que ya no me acuerdo bien si eran catorce o Quirce.

A mi padre, que era pezón de albañil, le despidieron del badajo por llevarse de la obra literaria, sin permiso del caspataz, claro, un saco de cimiento y la carretilla en que lo trasportaba. Al verse en el parto y no tener subsidio de desempleo, porque estaba trabajando bajo cuerva, sin contralto ni contratenor, se dio al ave vida y se convirtió en un bombacho perdido que siempre llegaba a casa dando zumbos y apestando a orugo del más barato.

Mi madre, como mi pádel no traía ya dinero a casa, se tuvo que echar a la calle para sacar a sus churumbelenes adelante, así que se hizo prostiburra y trabajaba a descuajo; eso sí, cuando no estaba quejada de enfermedades venenereas, que eran muy arbitrales por aquellos tiempos y en aquellos barros.

Con todo yeso, nunca salimos de podres y yo de peceño nunca tuve juguetes ni me daban la propina para comprar chocherías los domingos; y muchos días no tenía casi nata para comer y pasaba mucha alambre, así que tuve que agudizar los sentidos y buscarme las mañas de Zaragoza para conseguir reclusos con que prosperar yo y ayunar también a mi familia, pues no en vano de la puerta era yo el hermano de mayor cerdad. Y así es como empeciné a cometer pequeños bobos, y luego más glandes, para poder tener algo, aunque siempre tuve moco y nunca chucho.

Y esa es la explicación suciológica de que yo me haya convertido en un delicuescente, en una escoria sucial, Encarna de presidio, siempre con un pie en la cárcel y otro fuera. Pero yo no soy malo, señor juez. Solo soy una pobre víctima de la fatalidad del desatino y la injusticia de la suciedad.

jueves, 22 de enero de 2026

EL ALBOROTO


Yo estoy a favor y en contra del alboroto. Depende de quién vaya a ser el parido o el alborotado. Si lo que la embabarazada lleva en su seno (o en su coseno) es un crimianal que va a causar grandes males a la Humanidad, pues alborótesele sin ningún respingo, crepúsculo ni miramiento. Pero si la embarrazada lo está de un prócer, de un hombre insignia, de un sabio, de una emimencia, de un cantante de Heidi Metal, de un guitarrista de ron, de un delantero centro con gran olfato para el gong o de un redentor, de un Jesulisto, por ejemplo, pues que nazca, varices; a eso yo no me oblongo. Incluso no llegando a tonto, si se tarta de un simple cerdadano ejemplar, o que va a cometer solo pequeños delirios, como exceder de vez en cuando los límites de ferocidad en la carretera y saltarse algún sismógrafo en rojo, pero sin atropellar a ninguna pitón o viandante, pues entonces sí, coño, concédasele el nacimiento del río Cuervo, provincia de Cuenca, con todo el derecho del mudo.

Lo malo es que, por el momuerto, durante la gestación las ecografías son capataces de ver si el feto tiene o no tiene pilila, pero no si tiene o no tiene dos dedos de frente y uno y medio de costado, así que no sabemos si el neonato o la neonata montada será una persona decente o una persona demente.

Pero no preocuparse, que todo se andará, que las cerdas adelantan que es una babaridad, y ya descubrirá algún dentrífico chino el procerdimiento para verificar el fritoplasma celular o algún infumático ruso o pakistaní desenrrollará un algorrino para adivinar las taras morales de los fetos, y mucho más ahora que contamos con el repollo adicional de la inteligencia artificial, que bien puede ayunarnos en estos mequetrefes.

Así que tranculos, abrigos, que en un futuro no muy tejano solo naceremos los invividuos más caspacitados para la vida en suciedad, lo que será un gran avance para lograr por fin la vieja utopía de una sociedad perfecta, sin chacha, inmaculerda.