miércoles, 8 de abril de 2026

Sor Dakota

Sor Dakota fue en sus buenos tiempos jipi. Sí, una jipi norteamericana que se vino a la Costa del Sol a vivir la vida natural y el amor libre; el desparrame, vaya. Y fruto de aquel desparrame quedó preñada y bien preñada, aunque no supo de quién, porque allí copulaban todos con todos y a todas horas, que para eso se hacían jipis la mayoría. Y digo que bien preñada porque la nacieron mellizos. Mellizos y bien rollizos. Como no tenía recursos y se vio sola y abandonada por su comuna, porque con dos bebés a los que no quiso renunciar ya no valía para el cachondeo y nadie la prestaba demasiada atención, tuvo que acogerse a la beneficiencia de la Santa Madre Iglesia, que, en este caso, fue madre suya y abuela de los mellizos.

A los mellizos los metieron en un orfanato gestionado por monjas. Y ella, con el afán de madre y por no separarse de sus hijos, se hizo monja para poder estar con ellos en el mismo orfanato. Pudo conjugar así su vocación de madre y su vocación religiosa; porque la descubrió, en efecto, al tener que practicarla. Reconvirtió su jipismo en devoción y espiritualidad. Le pareció que las monjas no eran más que unas jipis místicas, pero eso sí, mucho más auténticas y comprometidas que sus excompañeros de parranda, y sin más drogas que la oración.

Con el tiempo los gemelos salieron del orfanato. Uno es mecánico en un taller de motos; otro, representante de una marca de gafas, y a cuenta de eso se recorre todas las ópticas de la Costa del Sol. A lo mejor alguna de ellas es de su padre, pues aquellos jipis de antaño, niños de buenas familias, acabaron montando sus negocios.

Los gemelos no se olvidan de su madre y todos los domingos van a misa al orfanato y así la ven y la abrazan; y, de paso, cumplen el precepto. Y sor Dakota no cabe en sí de gozo al contemplar a esos dos buenos cristianos, a esos dos mocetones altos como castillos y rubios como melocotones, como ella, pero con unos ojos oscuros que si se les mira bien a la cara parecen bandoleros de Sierra Morena.

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