¿Por qué eres tan
fría conmigo?
¿Por qué eres
tan fría
conmigo?
¿Por qué tuerces
el morro
cuando te sonrío?
Canto para ti
y te tapas los
oídos.
Ni
siquiera un iceberg
tiene
el corazón tan frío.
Eres
más cruel que la nieve
en
la rama del espino.
¿Por qué no
quieres
que me cruce en tu
camino?
Si no voy hacia ti
no tengo ya
destino.
Te quiero desde
siempre,
desde antes del
abismo.
Te busco por el
día,
por la noche te
escudriño.
Pero tú no me
haces caso.
Para ti es que yo
ni existo.
Ni
siquiera un iceberg
tiene
el corazón tan frío.
Eres
más cruel que la nieve
en
la rama del espino.
Me gustas desde la
escuela,
desde que éramos
dos niños.
Tú nunca me
hiciste caso.
Para ti yo era un
canijo.
Te gustaban los
macarras,
no los chicos
tímidos,
y ahora estás con
un borracho,
que es lo que es
tu marido.
Pero ni eso me
importa:
eso no ha impedido
que hoy te quiera
todavía
más que nunca te
he querido.
Pero tú no me
haces caso.
¿No ves que estoy
perdido?
Ni
siquiera un iceberg
tiene
el corazón tan frío.
Eres
más cruel que la nieve
en
la rama del espino.
Por tu calle paseo
entre la niebla,
aterido,
a ver si te veo;
y si te veo,
suspiro.
Cualquier día de
estos
me voy a tirar al
río.
Tu marido, el
cabrón, te zurra.
Lo sé porque me lo
han dicho.
Cualquier día de
estos
voy y le clavo un
cuchillo.
No me importa ir a
la cárcel
si al salir estoy
contigo.
Pero igual tú no
me quieres
luego por asesino.
Y porque tienes el
alma
toda sembrada de
vidrios.
Ni
siquiera un iceberg
tiene
el corazón tan frío.
Eres
más cruel que la nieve
en
la rama del espino.
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