Abro los ojos al despertar y lo primero que siento es miedo. Miedo de encontrar un hueco, una sima, un precipicio, un agujero negro, una fosa abisal. Miedo, sencillamente, a que no estés en mi cama.
Pero me doy la vuelta y estás, bella durmiente. Bella durmiente que a veces roncas. Bella durmiente que a veces te levantas al baño en mitad de la noche haciendo más ruido que un elefante. Bella durmiente que a veces te desvelas y te revuelves como si hubiese hormigas entre las sábanas.
Verte equilibra el mundo y le compensa hacia el amanecer. Así sí que se puede afrontar la jornada con ganas y con garantías. Ya hay algo bueno en la claridad de la mañana. El azul tiene en quien reflejarse.
Me imagino sin ti y me veo viviendo debajo de un puente, despertando entre trapos viejos y cachivaches recogidos de la basura. Me veo sin agua para lavarme y sin nada que desayunar. Un desastre completo que no sabe organizarse. Pero contigo, en cambio, soy más organizado que tú misma.
Vuelvo a cerrar los ojos para dar la última cabezadita, la que mejor sabe. Dormir un poco más, ya seguro de que duermes a mi lado, ya sin pesadillas, ya beatífico, como duermen los ángeles de la guarda tras recuperar un alma de las zarpas del diablo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario