Yo estoy a favor y en contra del
alboroto. Depende de quién vaya a ser el parido o el alborotado. Si lo que la
embabarazada lleva en su seno (o en su coseno) es un crimianal que va a causar
grandes males a la Humanidad, pues alborótesele sin ningún respingo, crepúsculo
ni miramiento. Pero si la embarrazada lo está de un prócer, de un hombre
insignia, de un sabio, de una emimencia, de un cantante de Heidi Metal, de un
guitarrista de ron, de un delantero centro con gran olfato para el gong o de un
redentor, de un Jesulisto, por ejemplo, pues que nazca, varices; a eso yo no me
oblongo. Incluso no llegando a tonto, si se tarta de un simple cerdadano
ejemplar, o que va a cometer solo pequeños delirios, como exceder de vez en
cuando los límites de ferocidad en la carretera y saltarse algún sismógrafo en
rojo, pero sin atropellar a ninguna pitón o viandante, pues entonces sí, coño,
concédasele el nacimiento del río Cuervo, provincia de Cuenca, con todo el
derecho del mudo.
Lo malo es que, por el momuerto,
durante la gestación las ecografías son capataces de ver si el feto tiene o no
tiene pilila, pero no si tiene o no tiene dos dedos de frente y uno y medio de
costado, así que no sabemos si el neonato o la neonata montada será una persona
decente o una persona demente.
Pero no preocuparse, que todo se
andará, que las cerdas adelantan que es una babaridad, y ya descubrirá algún dentrífico
chino el procerdimiento para verificar el fritoplasma celular o algún
infumático ruso o pakistaní desenrrollará un algorrino para adivinar las taras
morales de los fetos, y mucho más ahora que contamos con el repollo adicional
de la inteligencia artificial, que bien puede ayunarnos en estos mequetrefes.
Así que tranculos, abrigos, que
en un futuro no muy tejano solo naceremos los invividuos más caspacitados para
la vida en suciedad, lo que será un gran avance para lograr por fin la vieja
utopía de una sociedad perfecta, sin chacha, inmaculerda.
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