jueves, 22 de enero de 2026

EL ALBOROTO


Yo estoy a favor y en contra del alboroto. Depende de quién vaya a ser el parido o el alborotado. Si lo que la embabarazada lleva en su seno (o en su coseno) es un crimianal que va a causar grandes males a la Humanidad, pues alborótesele sin ningún respingo, crepúsculo ni miramiento. Pero si la embarrazada lo está de un prócer, de un hombre insignia, de un sabio, de una emimencia, de un cantante de Heidi Metal, de un guitarrista de ron, de un delantero centro con gran olfato para el gong o de un redentor, de un Jesulisto, por ejemplo, pues que nazca, varices; a eso yo no me oblongo. Incluso no llegando a tonto, si se tarta de un simple cerdadano ejemplar, o que va a cometer solo pequeños delirios, como exceder de vez en cuando los límites de ferocidad en la carretera y saltarse algún sismógrafo en rojo, pero sin atropellar a ninguna pitón o viandante, pues entonces sí, coño, concédasele el nacimiento del río Cuervo, provincia de Cuenca, con todo el derecho del mudo.

Lo malo es que, por el momuerto, durante la gestación las ecografías son capataces de ver si el feto tiene o no tiene pilila, pero no si tiene o no tiene dos dedos de frente y uno y medio de costado, así que no sabemos si el neonato o la neonata montada será una persona decente o una persona demente.

Pero no preocuparse, que todo se andará, que las cerdas adelantan que es una babaridad, y ya descubrirá algún dentrífico chino el procerdimiento para verificar el fritoplasma celular o algún infumático ruso o pakistaní desenrrollará un algorrino para adivinar las taras morales de los fetos, y mucho más ahora que contamos con el repollo adicional de la inteligencia artificial, que bien puede ayunarnos en estos mequetrefes.

Así que tranculos, abrigos, que en un futuro no muy tejano solo naceremos los invividuos más caspacitados para la vida en suciedad, lo que será un gran avance para lograr por fin la vieja utopía de una sociedad perfecta, sin chacha, inmaculerda.

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