Ardió mi corazón en mil hogueras
y mi alma voló por dos mil cielos
persiguiendo la flor de mis anhelos
y aspirando el olor de mis quimeras.
Descubrí cuatro cosas verdaderas
entre mucha morralla y más camelos,
me quisieron vender por caramelos
trampaculos amargos y acederas.
Y aquí estoy a la postre, tan sereno
que renuncio a buscar el Paraíso,
no sea que el infierno esté en buscar.
Habiéndome librado ya del cieno,
hago un pequeño edén aquí en mi piso
y vivo sin morir y sin matar.
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