El redentor de los inválidos les arengaba con ardorosas palabras incitándoles a la acción. Pero unos no le oían porque eran sordos, otros no le encontraban porque eran ciegos y los demás no podían seguirle porque estaban lisiados.
Ocho veces demostrado
Hace 11 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario