A mi primo Peluzo se le apareció Dios en forma de pastor merinero y le dijo:
—Hay en mi pueblo de Extremadura una chica muy salá que a ti, que eres más bien soso, te vendría de perlas. Es prima mía. Si quieres te vienes conmigo y te la presento.
Y mi primo Peluzo, que era parao de por sí mismo, pero se dejaba mover por otros, pallá que se fue a conocer a la prima, nada menos que hasta Badajoz desde Segovia; él, que por aquel entonces no había salido más que a los cuatro pueblos de alrededor con motivo de las fiestas patronales y no había bailado nunca porque no se atrevía, de paradillo que era, a pedir baile a las chicas.
Y conoció a la prima y no le pareció mal. Pero caviló para sus adentros y se dijo: “Coño, ya que me he venido hasta tan lejos, tampoco me voy a conformar con la primera torcaza que se me ponga a tiro. Tendré que echar un vistazo, digo yo”. Así que en los tres o cuatro días que iba a pasar por allí, se dedicó a dar muchas vueltas por el pueblo y pronto pudo apreciar que lo que escaseaba en su pueblo de Segovia, que eran mozas casaderas, sobraban en aquel pueblo de Badajoz, que además era mucho más grande que el suyo. Vamos, que a él le parecía que estaban las calles llenas de mozuelas, como si aquello fuese el paraíso terrenal de los mozos apocados. Y es que se había corrido la voz de que el segoviano venía buscando parienta, y como era buen mozo, las muchachas se echaban a la calle a dejarse ver, y él las miraba de reojo, que de frente no se atrevía, y a hablarlas mucho menos, aunque ellas le saludasen con intención. Total, que tanta moza vio y de tan buenas proporciones y disposición, que estaba hecho un lío y no sabía por cuál decidirse. Hasta que apareció una que tenía las tetas un poco más soberbias y altaneras que las demás y ahí ya sí que lo vio claro y aplicó el adecuado criterio de selección, porque el pobrecillo había mamado poco en la infancia, ya que la tía Pochuela, su madre, que era una santa mujer, de pecho era más bien escurrida y la manaba poquísima leche tras los partos, y aun así crio 8 garrulos y una chavaleja que estaba entre las más guapas del pueblo.
Total, a lo que vamos: que mi primo Pedro se fue para el merinero y le dijo: “
—La que me gusta es esta.
—¡Vaya por Dios! —replicó el merinero— ¿Y no puede ser otra? Porque con esa familia precisamente no me llevo yo muy bien por una pendencia que tuvimos un día que se me metieron las ovejas en su finca.
—Pues esa es la que a mí me ha entrado por el ojo y ya no quiero otra.
Así que el merinero tuvo que hacer de tripas corazón e ir a hablar con el Valeriano, que era el padre de la moza, y con la moza misma. Y tan buenas mañas se dio, a pesar de no ser maño, sino extremeño, que hizo el apaño y los apañó.
Y así fue como mi primo Peluzo se trajo desde Badajoz para la Segovia profunda una hembra que valía diez o doce veces más que él, y no quiero decir con esto que él valiera poco, ojo, que es mi primo, sino que la Pruden, ahí donde la veis, además de guapa y bien dotada de todas sus partes, es simpática y cariñosa a reventar, trabajadora a rabiar, disponedora y resuelta que no hay quien se la adelante, y encima enamoradísima de su Peluzo como ya quisiera yo que lo estuviese de mí la mía, que no se le cae su Peluzo de la boca, no, a todas horas con mi Peluzo, mi Peluzo, es que mi Peluzo, pues mira mi Peluzo, lo que vale mi Peluzo, lo que ha hecho mi peluzo, qué bien ara mi peluzo, que le hace una propaganda que pa qué…
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