Si
hoy no me ha pasado nada,
si
no he tenido ninguna vivencia deslumbrante,
si
no me ha mojado la lluvia por dentro
ni
me ha sonrojado el corazón
la
llamarada de una sonrisa ingenua,
si
no me ha chisporroteado la sangre
ni
me han hecho chiribitas los ojos,
si
no he deshojado ningún nenúfar
mientras un sollozo se ahogaba en el estanque
ni
me he revolcado desnudo entre ortigas
para aplacar el ardor de mis desvelos,
si
he palpitado solo al ritmo de un sapo
que inicia su letargo
y
masticado la harina insulsa de las horas viscosas,
pero
quiero, a pesar de todo, escribir un poema,
por
gusto,
¿qué
debo hacer?...
Pues
eso.
Escribir
un poema
diciendo
que no me ha pasado nada interesante,
que
no he tenido ninguna vivencia cegadora,
que
no me ha descerrajado el alma ningún desengaño
ni
me ha acariciado la ilusión con sus dedos de cera,
pero
que me siento poeta empedernidamente
y
por mis narices que voy a escribir un poema
aunque
no tenga nada que decir
y
mucho menos que le importe a nadie.

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