Cuando
me infecta el bacilo
de
la vacilación,
dudo
de todo,
hasta
de mi condición
sexual
—que
hasta ahora es la normal—
y
todo me parece mal
y
no sé qué hacer,
si
irme a dormir
o
desaparecer
en
el amanecer;
si
ponerme a escribir
o
ponerme a leer,
si
hacer un sudoku
o
una sopa de letras
o
si mirar cuatro tetas
en
internet;
si
recitar a los poetas
de
la generación de posguerra
o
irme a la sierra
a
hacer una ruta.
¡Mecagüen
la puta!
¡Será posible
que dude tanto
desde
que me levanto
hasta
que me acuesto!
¡Dura
menos
mi
determinación
que
el agua en un cesto,
copón!
Y
no sé si coger la raqueta
para
ir al frontón
o
mejor la bicicleta,
aunque
tuve un reventón;
si
bajar por la escalera
o
coger el ascensor,
si
comprar en Mercadona
o
ir al Carrefour,
si
ponerme el polo blanco
o
el azul,
si
escuchar a Celia Cruz
o
a Amancio Prada
cantando
a Rosalía.
¡Y
en estas vacilaciones
se
me va pasando el día
sin
atar una escoba
ni
dar un palo al agua!
¡Esto
no es normal,
chaval!
Que
dude si escuchar un disco
de
jevi metal
o
ver la película
de
Atracción fatal,
si
hacer ejercicio
o
entregarme al solitario vicio
de
la meditación,
si
tomarme un cubata
o
un paracetamol,
o
las dos cosas;
si
catalogar
mi
colección de mariposas
mientras
me tomo un café
¿o
mejor una cerveza?
¡Qué
puta cabeza!
Mejor
me bajo a la piscina
a
nadar a crol
—¿o
a braza?,
¿o
a mariposa?—
y
a contemplar a las vecinas
en
esas tangas finas
y
juzgar la diferencia
entre
vejez y adolescencia
por
el volumen de la grasa,
y
así me distraigo un rato
con
este remedio barato
y
mientras cavilo
por
lo menos no vacilo.
¡Es
que dudo tanto!
¡Qué
espanto!
Tanto
y tanto dudo
que
mira como sudo.
Pero,
bueno, ya luego se me pasa
y
vuelvo a mi rutina,
que
es ir a la cocina,
abrir
el frigorífico,
coger
una loncha de cecina
o
un muslo de pollo en pepitoria
o
dos gramos de caviar
o
una rodaja de lomo
o
un torreznillo de Soria
y
ya sin vacilar,
zampármelo
con aplomo.
Y
se acabó la historia.
Aquí
paz
y después gloria.
Pospoema:
(Y
tú, lector adusto,
que
leíste este poema
con
gran susto
y
mayor disgusto
y
pensando: “¡Vaya mierda!”,
no
se te pierda
de
vista
que
le escribe un gran artista
y
no cualquier correveidile,
y
que entre vacilación y bacilo,
lo
que hay es mucho vacile:
pues
la guasa
que
el poeta aquí se trae
es
porque usa “vacilar”
con
la acepción quinta de la RAE.)
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