sábado, 25 de julio de 2015

Job

No dijo nada cuando me sorprendió en nuestra cama de matrimonio con su mejor amiga.
No dijo nada cuando saqué el dinero que había estado ahorrando para su soñado viaje a Canadá y me lo gasté en un 4x4 para ir de caza.

No dijo nada en vacaciones cuando la dejé tirada en la playa los quince días con los niños y me largué a correrla en el yate de Manolo.
Y tampoco dice nada ahora, ni siquiera sonríe. Solo me mira compasivamente mientras me retuerzo en el suelo de la cocina y echo espumarajos por la boca tras haber ingerido sus deliciosas lentejas.

sábado, 6 de junio de 2015

Ñu


Fui a la manifestación con pocas ganas porque, aunque compartía totalmente los motivos de la protesta, me siento muy violento en tales situaciones: por mi educación y mi natural modo de ser tengo una fuerte tendencia a la sumisión, a la obediencia, al respeto de las jerarquías, y no soy nada rebelde ni contestatario. Mi primer impulso siempre es conformarme, resignarme, acatar la autoridad, obedecer y callar. Eso no quiere decir que no sea muy crítico con la injusticia, pero soy más hombre de pensamiento que de acción y creo que sería un pésimo revolucionario. Con todo, allá que fui de la mano de mi amigo Ángel, que ese sí es un hombre comprometido y luchador. Una vez allí, en medio de la multitud, enervado por la fuerza de la masa y el griterío de las consignas, fui sustituyendo poco a poco  mi desasosiego inicial por un nuevo ímpetu que me hermanaba con el gentío y despertaba en mi interior algo salvaje. En un momento dado, posiblemente por alguna desafortunada intervención de los antidisturbios, se produjo una estampida y todos echamos a correr. Entonces, súbitamente, entre el pánico general, descubrí mi propia naturaleza, mi verdadero ser. Sentí la fuerza de mis pezuñas afiladas, el poderío de mi testuz, mi cornamenta imponente, la emoción ancestral de la carrera. Sentí mis desgreñadas crines al viento, la cola empenachada arrancando de mi rabadilla, mis largas barbas colgando desde el mentón hasta el pecho. Entonces comprendí la explicación a tanta insatisfacción vital inexplicable, a tanta desgana de tantos momentos que a otros ilusionaban, a tanta desidia como me embargaba en las horas bajas. ¡Yo era en realidad un ñu! ¡Un ñu atrapado en un cuerpo de hombre! Me sentí feliz por la revelación y  prorrumpí en mugidos desatados y galopé entre los manifestantes embargado de gozo, liberado de la carga absurda de ser hombre, sintiendo en todos mis nervios las potencialidades maravillosas de mi recién descubierta naturaleza de ñu. No tuve miedo, sino ilusión. Aunque corría con dos piernas, sentía la fuerza de mis cuatro patas y en mi carrera extasiada adelanté a todos y me puse al frente. Bufaba de orgullo de ñu y de rabia contra los depredadores. Ese orgullo y esa rabia se me subieron violentamente a la cabeza, a esa parte de la cabeza que yo sentía como mi arma más poderosa, aunque de ella me hubiera privado mi equivocada anatomía humana. Y por eso, llevado de un instinto irrefrenable que era mucho más poderoso que mi anterior conciencia, me abalancé furiosamente y no dejé de dar cabezazos y más cabezazos hasta partirle el pecho a aquel infortunado antidisturbios, señor juez.

sábado, 27 de diciembre de 2014

La metamorfosis


El grupo de penitentes se coloca en torno a la mesa. El Gran Fiscal despliega sobre ella el impresionante legajo intitulado “Propósitos 2015”. Allí figuran los nombres de los compromisarios y las obligaciones por ellos contraídas en la correspondiente cena del año anterior libre y voluntariamente, si bien, en algunos casos, bajo el evidente influjo del alcohol: CORRER UN MARATÓN, ADELGAZAR 10 KILOS, VIAJAR AL EXTRANJERO, NO GRUÑIR EN TODO EL AÑO, REFORMAR LA VIVIENDA, APRENDER A COCINAR… Un sinfín de propósitos, o despropósitos, que han quedado la mayoría en papel mojado. El Gran Fiscal va preguntando uno por uno: “¿Has cumplido?” El interpelado aparta la mirada, agacha la cabeza y, con un hilillo de voz apenas perceptible en el que se hace patente el timbre inconfundible de la vergüenza, responde: “No”.

Completada la ronda y acabado el escrutinio, el Gran Fiscal frunce el ceño, levanta la mano, chasquea los dedos y por obra y efecto, no de la magia, sino de la justicia inexorable, aquel grupito de amigos queda convertido al punto en una pintoresca manada de panteras rosas.


domingo, 21 de diciembre de 2014

Besos


No sabemos sin Gunter Höner, austriaco de 33 años, entendió mal la expresión “Quiero que me comas a besos” —en alemán “Ich will, dass du mich mit Küssen zu essen”— enviada por Heidi Smidcht, alemana de 28, a través del chat. Tras su cita erótica en la pensión Edelweiss de Hamburgo, el conserje tuvo que llamar a la policía al encontrar a la pobre Heidi desangrada como consecuencia de las heridas producidas por los múltiples mordiscos que presentaba a lo largo y ancho de todo el cuerpo.

Gunter exclamó con gesto de incomprensión ante el policía que le tomaba declaración: “Ich habe nur versucht, ein williger Liebhaber sein!” (“¡Solo he procurado ser un amante complaciente”).

El conserje declaró a su vez, extrañado, que había oído numerosos alaridos de placer, como era habitual en la casa debido al uso al que se destinaban preferentemente las habitaciones, pero ninguno, creía, de dolor; “Al menos —añadió perplejo— que en esta chica fueran una misma cosa”.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Caricias


El profesor Kabuto y su equipo de la universidad de Yokohama han logrado demostrar experimentalmente las propiedades nutritivas de las caricias. Dividieron una camada de 20 ratas comunes recién nacidas en dos grupos, A y B. Aparte de la alimentación y cuidados convencionales, idénticos para ambos, al grupo A le sometieron además a un tratamiento sistemático a base de caricias de minuto y medio a intervalos de una hora, aplicadas las 24 horas del día en tres turnos de 8 por las ayundantes del profesor, señoritas Kosihiro, Naburi y Okiyama. Los controles rigurosos y diarios de talla y peso revelan que los individuos del grupo A crecieron un 15% más deprisa y engordaron un 20% más que los del B, resultando de ello ejemplares más desarrollados, corpulentos y lustrosos.

En la segunda fase del proyecto se propone el profesor Kabuto realizar el experimento con bebés humanos recién nacidos para poder confirmar así su tesis principal, a saber, que el exceso de atenciones, mimos, besos y caricias recibidos durante la infancia es en las sociedades modernas una de las principales causas de la obesidad mórbida.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Manías


El lunes dijo que se sentía pez, se metió en la bañera y se pasó allí todo el día haciendo inmersiones y chapoteos. No le dimos mayor importancia creyendo que sería alguno de sus habituales caprichos pasajeros. Pero el martes nos salió con que se sentía culebra y se tiró todo el santo día reptando por los pasillos y si te descuidabas te mordía las canillas. Alguna patada se llevó en la boca por este motivo, pero no por eso desistió de su actitud. Empezamos a preocuparnos, pero no tomamos ninguna medida  porque al llegar la noche se metió en la cama con toda normalidad como si se desvaneciera por ensalmo su manía. Pero el miércoles se levantó croando, se puso en cuclillas y recorría el internado dando saltitos y tratando de atrapar moscas con la lengua, cosa que no lograba y, por tanto, se tiró toda la jornada sin probar bocado. A pesar de ello, nos sentimos casi aliviados pues su estampa de sapo no era tan agresiva e impactante como la de reptil del día anterior y podía considerarse como una leve mejoría. Así podría considerarse, a su vez, lo del jueves, en que amaneció perro, se puso a cuatro patas, sacaba la lengua y jadeaba, se echaba a nuestros pies y buscaba nuestras caricias. Nosotros le pasábamos de vez en cuando la mano por la nuca y así se mantuvo tranquilo y feliz todo el día. Con todo, habíamos resuelto no esperar más y llamar al día siguiente a los doctores para que le examinasen detenidamente, pues nos parecía que este acceso de manías encadenadas estaba durando ya demasiado. No hubo lugar: el viernes nada más levantarse se sintió pájaro y su habitación estaba en la sexta planta.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Lector empedernido


El domingo se levantó diciendo que tenía muchísimas ganas de leer, desayunó rápidamente y se metió en la biblioteca, donde se tiró toda la mañana. Le llamamos para comer y dijo que le llevásemos un montadito de jamón y otro de queso, que estaba enfrascado en la lectura. No la interrumpió ni para el café de media tarde, que es para él casi sagrado, y a la hora de la cena volvió a desechar nuestros requerimientos y pidió fruta pelada y troceada para poder comer con una mano mientras con la otra sostenía el libro y proseguía la lectura. Allí se quedó toda la noche, a la luz del flexo, y el lunes no fue a trabajar. Llamó su socio, pero no quiso ponerse al teléfono por no interrumpir la lectura y nos dijo que le dijésemos que estaba atareado en casa, y siguió todo el día y toda la noche en el mismo plan. El martes, alarmados, llamamos a Isaac, el profesor de instituto, su mejor amigo, pero no logró disuadirle de su obstinado propósito. El miércoles intentamos conseguirlo concertándole un partido de pádel, su otra gran pasión, con el número 34 del rankin nacional, que vive en la urbanización, pero la estratagema no dio resultado y solo conseguimos que levantase la cabeza del libro y dudase durante unos segundos para acabar diciendo: “No, hoy no”. El jueves se le propuso una excursión a Segovia a comer en Casa Cándido cochinillo, que es su plato preferido, pero la rechazó alegando que le habíamos pillado con Guerra y Paz por la mitad y era inevitable concluirla ya antes de emprender cualquier otra tarea. El viernes, avisados de la gravedad de la situación, se presentaron sus padres, que llegaron alarmados desde el pueblo. Les dijo que esperasen un momentín, que enseguida estaría con ellos, pero hemos llegado al sábado por la noche y no halla el momento de interrumpir la lectura. Se ve que en cuanto acaba un libro no puede resistirse a empezar el siguiente. A ver si consiguen despegarle de las páginas las dos estupendas señoritas de alto estandin que hemos contratado y están ya en camino. Y si no, pues no quedará más remedio que pegarle fuego a la  biblioteca para que le saquen de una vez por todas los bomberos.