viernes, 12 de diciembre de 2025

Palabros que me revientan: 1. Aplicar

 

Cada vez más a menudo me sorprenden los hablantes de mi propio idioma empleando palabros que no sé quién se habrá inventado, pero que se ponen de moda con una facilidad pasmosa. Tal sucede con el verbo “aplicar”. Hasta mi propia hija Andrea, que ha recibido una esmerada educación lingüística tanto de mí y de su madre como de sus cuatro abuelos, que jamás pronunciaron palabra sin cuajo, me dice ahora que va a “aplicar” a no sé qué oferta de empleo al mismo tiempo que va a “aplicar” a no sé cuála oposición. Y yo la digo: “¿Pero qué vas a aplicar, alma de cántaro? ¿Una segunda mano de pintura? ¡Anda, anda! Aplícate el cuento y aplícate en el estudio a ver si apruebas la oposición”. Porque lo que yo entiendo es que va a “solicitar” un trabajo y a “preparar” una oposición. O que va a “apuntarse” a la oferta de empleo y también a la oposición, rellenando en cada caso lo que haya que rellenar. Pero los hijos no hacen nunca caso a los padres (eso es mal común de todas las épocas y creo que también de todas las naciones) y mi hija sigue “aplicando” a cuanta oferta de trabajo se menea, a cuanta beca de estudios se anuncia y a cuanta oposición se convoca.

Supongo que esto de “aplicar” para empleos, becas y oposiciones será vulgar plagio de alguna expresión inglesa, pero que solo vienen a empobrecer nuestro riquísimo idioma patrio cargándose de un plumazo vocablos que ya existen y que a mí me parecen más precisos y jugosos. Los ingleses que hablen como quieran, que para eso tienen su propio idioma. Y creo que es lo que hacen, hablar como quieren, y por eso yo no les entiendo, porque pronuncian como les da la gana y no respetan el aeioú de las vocales. Por eso yo, que puedo leer algo de inglés, aunque a paso de tortuga, pues reconozco las palabras por sus grafías, hablado no entiendo ni el I love you de las canciones porque no identifico los sonidos. Esto, bien es verdad, habla bastante peor de mí y de mi oído que del propio inglés, que al parecer domina medio mundo, por lo menos para defenderse cuando viaja; y no como yo, que cuando fui a Londres le pregunté a una señora por el British Museum y creyó que la estaba llamando puta.

En fin, a mí qué más narices me da ya si estoy jubilado y no me voy a presentar a ninguna oposición ni voy a solicitar ninguna beca ni voy a demandar ningún trabajo. ¡A la porra con todos los que apliquen!

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