¡Qué bien,
qué bien,
que ya
llega la Navidad
y todo
el mundo va a ser bueno!
Los
fondos buitre se harán fondos paloma
y no
desahuciarán a las ancianas
que no
pueden pagar la abusiva subida del alquiler.
Los
sicarios de la Mafia, arrepentidos,
estudiarán
para asistentes sociales
y
serán enfermeros en los hospitales de parapléjicos
y
monitores en los colegios de huerfanitos.
Los
narcotraficantes, aprovechando que se necesitan
muchos
trabajadores en la construcción,
se
emplearán de peones de albañil unos cuantos
y otros
se sacarán el carnet de excavadora
y
otros aprenderán a encofrar o a poner tarima
y
alguno se hará instalador oficial de equipos de aire acondicionado
y
geotermia.
Los
políticos (¡uy, esto lo veo un poco más difícil!)
irán a
sus despachos
a
mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos
en vez
de a maquinar para quedarse con la pasta.
Los
millonarios de todo el mundo,
sin
ser expulsados por el Ángel Exterminador,
saldrán
por su propio pie de los paraísos fiscales,
pagarán
sus impuestos
y no
habrá enfermos para tantos hospitales
como
se construirán con sus recursos.
Los
supremacistas blancos se echarán una novia negra
y
tendrán quintillizos mulatos.
Los
integristas religiosos dejarán que su Dios comparta su Cielo
y
nuestra Tierra
con
todos los otros dioses
y
hasta con los sindiós.
Los
violentos se tomarán todas las mañanas un té
con
dos calmantes
y
verán con buenos ojos
que
cada cual libre en paz su propia guerra.
Los
dirigentes de las superpotencias dejarán de invadir países
o de
meter sus narices en los asuntos internos de otras naciones
y
pondrán coto a sus corporaciones multinacionales
para
que dejen de esquilmar al Tercer Mundo.
Y yo
perdonaré de corazón a todos los que me ofendieron
y
pediré perdón con el alma a todos los que herí
y me
quedaré más suave que un guante
y me hincharé
a polvorones y a sidra
con la
conciencia bien tranquila.
¡No
digáis que no es maravillosa la Navidad!
Me
parece a mí que lo que no está a la altura
de la
Navidad, año tras año,
es el
puñetero ser humano.
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