Voy a decir cuatro cosas
porque creo que es el momento
de entonar mi lamento
(aunque quejarse en Navidades está mal visto).
La primera es que me parece fatal
todo esto de la era digital,
que tendrá sus ventajas, no lo niego,
pero hay que estar muy ciego
para no ver que se excluye a mucha gente:
a la más pobre y vulnerable, precisamente.
La segunda es que no hay quien entienda
por qué es negocio la vivienda
siendo un derecho constitucional.
Ese derecho se ha torcido
o se ha tergiversado.
¡Que intervenga ya el Estado!
La tercera es que me desespera
que haya tanta lista de espera
en la sanidad pública
y que te den cita para operarte en mayo
del tumor
que va a matarte en febrero
del año anterior.
Y la cuarta, ¡menuda preocupación!,
es que cada vez sufre más gente
de ansiedad y depresión.
¿En esto consiste la civilización?
Para eso mejor volver a las cavernas.
Yo no entiendo nada:
la gente más insatisfecha
vive en la sociedad más desarrollada.
En fin, ya me he quedado a gusto
aunque no he solucionado nada.
Y mañana Nochebuena:
nos hincharemos a turrón
para matar la pena.
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