Pensé que ser libre
era vagar sin rumbo,
dar vueltas y más vueltas
alrededor del mundo.
Probarlo todo,
no renunciar a nada,
dar placer al cuerpo
y misticismo al alma.
Apliqué mi fórmula,
mi fórmula mágica:
tolerarlo todo
sin creer en nada.
Con estas ideas
he recorrido
sendas, veredas,
trochas, caminos.
¿Dónde estoy ahora
tras toda una vida?
¡En una encrucijada
tal vez sin salida!
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