Ella ha ido un momento al baño de la cafetería del área de servicio. Mientras mea tengo que decidir frente al café con leche si la espero para continuar viaje juntos o la abandono aquí mismo y la dejo tirada como a una colilla, así me libro de este compromiso.
Se la nota que se está enamorando de mí. ¿Podría yo enamorarme de ella? Más dulce y complaciente no puede ser, desde luego. ¿Pero yo qué soy? Me desconozco. Sólo sé que puedo hacer mucho daño. Más cuanto más tiempo pase.
Con la decisión tomada, me bebo de un sorbo la taza abrasándome la garganta. Pero antes de depositarla en el platillo, ya está ella frente a mí, de vuelta, sonriente. ¡Dios, esa sonrisa podría resucitar a Tutankamón!
Bueno, si ha meado tan rápido es que ya está totalmente coladita y, por tanto, dispuesta a darme el Cielo. ¡Ojalá apague todos mis Infiernos antes de que en ellos la abrase!
Ocho veces demostrado
Hace 11 años
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