domingo, 24 de agosto de 2025

POÉTICA

 


El poeta vive en las palabras

y con palabras acepta la muerte.

 

Sabe que decir “Te quiero”

es la forma más sencilla de amar;

y tragarse las palabras de odio,

el más generoso modo de perdón.

 

Palabra a palabra se yergue

su columna vertebral.

Si a un poeta le quitas las palabras

se desploma como si no tuviera huesos.

 

Ante una palabra reveladora

el poeta se queda embelesado,

absorto, temblando de emoción.

La inhala y la diluye en su sangre

y la integra en el magma de su alma;

y esa palabra, junto con otras, es parte de sí,

es él, porque él es un ser de palabras.

 

Si pudierais ver todas las palabras

que le corren a un poeta por las venas,

diríais: “¿Es esto sangre

o es un océano rojo de verbo?”

 

Como pez en el agua está el poeta

entre sus palabras.

Coge, por ejemplo, la palabra “bruma”

y se la pone en los labios y la besa

y se la lleva al paladar y la degusta

y el corazón le brinca de contento.

Como un cabritillo

trisca entre las palabras el poeta.

 

Pero el poeta verdadero no escupe

de su boca las palabras amargas

que le escuecen.

La poesía no es un juego

del que uno se retira cuando pierde.

Es una expresión excelsa de la vida

y si la vida se manifiesta

en toda su crudeza

hay que tragarse y digerir

todas esas palabras aciagas

que se nos pegan al ser

y también somos.

 

Y mientras otros, que no son poetas,

pervierten las palabras

y las usan para enmascarar el mundo,

el poeta, que no tiene más que un rostro,

desvela con ellas su mundo

sin engañar a nadie.

No hay comentarios: