No quiero
ser yo el cenizo
que ponga
fin a la fiesta:
si hay que
bailar se baila
hasta cansar
a la orquesta.
La orquesta
toca muy bien
porque tiene
mucho oficio,
y no como
nosotros,
que bailamos
de puro vicio.
Yo bailo a
mi propio estilo
y así no me
equivoco,
que quiero
bailar la rumba
y me sale el
pasoloco.
Y mientras
bailo sin compás
miro con
disimulo:
¡Jolín, qué
bien menean
las chicas
todas el culo!
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