viernes, 24 de julio de 2026

El despertar


Abro los ojos al despertar y lo primero que siento es miedo. Miedo de encontrar un hueco, una sima, un precipicio, un agujero negro, una fosa abisal. Miedo, sencillamente, a que no estés en mi cama.

Pero me doy la vuelta y estás, bella durmiente. Bella durmiente que a veces roncas. Bella durmiente que a veces te levantas al baño en mitad de la noche haciendo más ruido que un elefante. Bella durmiente que a veces te desvelas y te revuelves como si hubiese hormigas entre las sábanas.

Verte equilibra el mundo y le compensa hacia el amanecer. Así sí que se puede afrontar la jornada con ganas y con garantías. Ya hay algo bueno en la claridad de la mañana. El azul tiene en quien reflejarse.

Me imagino sin ti y me veo viviendo debajo de un puente, despertando entre trapos viejos y cachivaches recogidos de la basura. Me veo sin agua para lavarme y sin nada que desayunar. Un desastre completo que no sabe organizarse. Pero contigo, en cambio, soy más organizado que tú misma.

Vuelvo a cerrar los ojos para dar la última cabezadita, la que mejor sabe. Dormir un poco más, ya seguro de que duermes a mi lado, ya sin pesadillas, ya beatífico, como duermen los ángeles de la guarda tras recuperar un alma de las zarpas del diablo.

martes, 21 de julio de 2026

ANCESTROS

 

 

Los ancestros de mi hermana

son los mismos que los míos,

pero ella ha salido rana,

yo salí correcaminos.

 

Se ve que salen diversos

los hijos del mismo padre:

puede que el uno maúlle

y por contra el otro ladre.

 

Es mi hermana más pianta

y yo soy más ladrador

porque ella salió a mi madre,

yo al abuelo Nicanor.

 

“¡Si no parecéis hermanos!”,

los que nos tratan comentan,

aunque a los dos nos hicieron

—sobre eso no quepa duda—

con las mismas herramientas.

El último terceto

 

Por la noche, antes de acostarme, había leído el soneto “Amor” de Juana de Ibarbourou y mientras me lavaba los dientes se me había ocurrido a mí el primer cuarteto de otro soneto relacionado con ese mismo tema. Le anoté en el cuaderno que siempre tengo junto al lavabo y me fui a la cama tratando de pergeñar el segundo cuarteto. Algo se me iba ocurriendo, pero me quedé dormido y se acabó.


Lo retomé a la mañana siguiente. Con los motivos entrevistos la noche anterior mientras me quedaba dormido y lo que se me ocurrió bajo la ducha, terminé de vestirme, cogí el cuaderno de lavabo, que bien puedo así llamarle, y añadí el segundo cuarteto, con rimas diferentes al anterior, que me gusta más así y es más fácil.


Abordé la composición del primer terceto ya en el coche, de camino al dentista. Entre semáforo y rotonda no tardó en venírseme a la mente la idea que necesitaba y logré ponerla en tres endecasílabos con rima CDE justo cuando aparcaba.


Ya solo quedaba lo más difícil, el tercero de remate, que es como una tuerca con arandela y ha de cerrar el soneto a la perfección tanto en la rima como en la idea. O sea, que hay que dar con la idea de remate y ajustarla a esa rima CDE configurada en el terceto anterior.

 

Pues a ello me dispongo ya reclinado en la tumbona de mi dentista, la doctora Ana. Y pienso Mira tú que bien, que así me distraigo mientras me hace la endodoncia y sufro menos.

 

El pinchazo de la anestesia y no puedo pensar en el terceto. El traqueteo del taladro en la muela 26 y no me concentro en el terceto. Los urgues y reúrgues en el diente con la lima, el tiranervios y el escariador y cualquiera piensa en el terceto… Los aparatejos de comprobar que se ha matado el nervio y el terceto a la porra. Los emplastes del sellado provisional y no hay terceto que valga.

 

Cuando me levanto de la tumbona dolorido y con la recomendación de tomar paracetamol cada 4 horas si hace falta y paso por caja y pago 220 euros y me marcho para mi casa con cita para la reconstrucción dentro de 15 días, lo que se me ocurre no es un terceto de amor, sino un terceto satírico contra los dentistas, que, además, me sale a la primera, como dictado por una musa desdentada y con halitosis. Así que cuando llego a casa, cojo el cuaderno de lavabo, añado las dos estrofas ideadas en el coche y las remato con el terceto odontológico. Conservando las rimas originales y retocando los versos de amor (algunos casi nada) para reajustarlos al nuevo tema dentrífico, me ha quedado un soneto-diatriba niquelado. Solo que no os le puedo mostrar aquí, porque, aunque es poco probable, siempre existe la remota posibilidad de que pudiera leerle la doctora Ana.

 

Y todavía tengo pendiente la reconstrucción.         

martes, 7 de julio de 2026

SIN TU MIRADA

 

Sin tu mirada

no veo nada,

soy un ciego

con melanoma

en la piel del alma,

soy un topillo

que se deslumbra

con la penumbra

de la alborada.

 

Sin tu sonrisa

no tengo risa,

soy un triste

que se resiste

a beber brisa,

soy un sonámbulo

caminando descalzo

por una cornisa.

 

Y sin tu abrazo

todo es ocaso,

niebla y penuria,

feria de andrajos,

ciruelo al que llega

bandada de grajos,

rastrojo sin cigarras,

huerto invadido

por los yerbajos.

Si no me esperases,

¿para qué dar un paso?

 

En suma, dulce amada:

que si Dios, que si fe,

que si ideas, que si patria,

patrimonio y riqueza,

que si logros, que si fama;

a mí todo eso

no me importa casi nada;

lo que me importa es la vida

y la tengo bien calada

y si quieres te digo

lo que es:

sintigo

una bobada,

y al revés.

Fiesta en la plaza

 

Los murciélagos hambrientos se tragan las miradas furtivas de la calurosa noche, revoloteando sobre la plaza en fiestas.

El adolescente tímido mira bailar a la chica que le gusta y cada vaivén de su cintura le expande la bóveda celeste, pero cada mirada que ella dirige a cualquier otro chico le taladra el pecho con una broca del 17.

El soltero viejo ausculta a la viuda joven pensando si se avendría a un apaño.

El casado mira a la casada con otro que fue novia suya y añora aquellos pechos que eran un poco más pequeños que los de su mujer, pero más turgentes y se han conservado, al parecer, más firmes.

El despechado, que no encuentra quien le baile el agua y baila él solo con el vino, mira mohíno a todos y no sostiene la mirada a nadie.

La guapa hace como que no mira a nadie sabiendo que todos la miran a ella. No es la que mejor baila y aun así es a la que más se disfruta de ver bailar. ¡Qué cosa es la guapura!

Una chavala del pueblo mira a un forastero rubio que se apoya en la farola del centro de la plaza sosteniendo su cerveza y sin atreverse a bailar, no vaya a hacer el ridículo. ¡Un guapo soso es lo que ella necesita!; ella, que no es tan guapa como otras, pero mucho más salada.

El músico de la banda que toca el bajo, cuando levanta la vista de las cuatro cuerdas, mira de reojo hacia la chica que baila sin despegarse del pie del escenario y le busca con su sonrisa.

No faltan, no, en el baile en la plaza las miradas furtivas, por eso proliferan esta noche los murciélagos blepovoros que de ellas se alimentan y que rayando el alba regresan a sus grutas con la panza bien llena.

De las que ellos no han sido capaces de devorar es de las que nace el futuro.

lunes, 29 de junio de 2026

Fábula de la coneja y la zorra

La coneja, por chinchar a la zorra, presumía de paridora y la decía:

—¿No te da envidia verme parir 5 o 6 veces al año mientras tú solo pares una, y encima yo te doblo o te triplico la camada?

A lo que contestó la zorra, que es un poco más lista:

—No me da envidia, no, señora coneja, sino mucha alegría y gracias doy al cielo de que así sea; pues si fuera al revés y pariera yo cinco veces al año y tú solo una, todas mis crías se morirían de hambre.

viernes, 19 de junio de 2026

El tío Mostelas

El tío Mostelas era el borrachín del pueblo. En ir a echar un traguillo de vino a la bodega se le pasaban las mañanas y las tardes. Y aun así no lograba apagar esa sed tremenda que le entró cuando se le murió su Marcelina, que era buena y dulce y sonriente y siempre llevaba en el bolsillo del mandil confites para dar a los niños cuando nos mandaba a algún recado.

Sin embargo, el día de la Fiesta Mayor, la Purísima, se le veía a la noche, en la velada en la plaza, totalmente sobrio y bailando con criterio y sin dar un traspiés frente a la orquesta. Como era un borrachín amable, todo el pueblo le quería invitar, pero él rechazaba todas las invitaciones, diciendo:

—No. Hoy no bebo. Hoy es fiesta y hay que celebrarlo.

jueves, 18 de junio de 2026

EL BACILO DE LA VACILACIÓN


Cuando me infecta el bacilo

de la vacilación,

dudo de todo,

hasta de mi condición

sexual

—que hasta ahora es la normal—

y todo me parece mal

y no sé qué hacer,

si irme a dormir

o desaparecer

en el amanecer;

si ponerme a escribir

o ponerme a leer,

si hacer un sudoku

o una sopa de letras

o si mirar cuatro tetas

en internet;

si recitar a los poetas

de la generación de posguerra

o irme a la sierra

a hacer una ruta.

 

¡Mecagüen la puta!

¡Será posible 

que dude tanto

desde que me levanto

hasta que me acuesto!

¡Dura menos

mi determinación

que el agua en un cesto,

copón!


Y no sé si coger la raqueta

para ir al frontón

o mejor la bicicleta,

aunque tuve un reventón;

si bajar por la escalera

o coger el ascensor,

si comprar en Mercadona

o ir al Carrefour,

si ponerme el polo blanco

o el azul,

si escuchar a Celia Cruz

o a Amancio Prada

cantando a Rosalía.

¡Y en estas vacilaciones

se me va pasando el día

sin atar una escoba

ni dar un palo al agua!

 

¡Esto no es normal,

chaval!

Que dude si escuchar un disco

de jevi metal

o ver la película

de Atracción fatal,

si hacer ejercicio

o entregarme al solitario vicio

de la meditación,

si tomarme un cubata

o un paracetamol,

o las dos cosas;

si catalogar

mi colección de mariposas

mientras me tomo un café

¿o mejor una cerveza?

¡Qué puta cabeza!

 

Mejor me bajo a la piscina

a nadar a crol

—¿o a braza?,

¿o a mariposa?—

y a contemplar a las vecinas

en esas tangas finas

y juzgar la diferencia

entre vejez y adolescencia

por el volumen de la grasa,

y así me distraigo un rato

con este remedio barato

y mientras cavilo

por lo menos no vacilo.

 

¡Es que dudo tanto!

¡Qué espanto!

Tanto y tanto dudo

que mira como sudo.

 

Pero, bueno, ya luego se me pasa

y vuelvo a mi rutina,

que es ir a la cocina,

abrir el frigorífico,

coger una loncha de cecina

o un muslo de pollo en pepitoria

o dos gramos de caviar

o una rodaja de lomo

o un torreznillo de Soria

y ya sin vacilar,

zampármelo con aplomo.

Y se acabó la historia.


Aquí paz

y después gloria.


Pospoema:

(Y tú, lector adusto,

que leíste este poema

con gran susto

y mayor disgusto

y pensando: “¡Vaya mierda!”,

no se te pierda

de vista

que le escribe un gran artista

y no cualquier correveidile,

y que entre vacilación y bacilo,

lo que hay es mucho vacile:

pues la guasa

que el poeta aquí se trae

es porque usa “vacilar”

con la acepción quinta de la RAE.)

 

domingo, 7 de junio de 2026

ACRÓSTICO PARA ÁNGEL REJAS GONZÁLEZ-PALENCIA CON MOTIVO DE LA COMIDA CELEBRADA CON FAMILIA Y AMIGOS POR SU 70 CUMPLEAÑOS EN EL RESTAURANTE TRIGO, DE LEGANÉS

Pues lo dicho en el título: con tal motivo escribí a mi amigo el siguiente acróstico, que leyó a los postres mi señora esposa, Lola, asistente también en calidad de amiga, pero poco dada a la escritura. 


ÁCRÓSTICO PARA ÁNGEL REJAS GONZÁLEZ-PALENCIA EN SU 70 CUMPLEAÑOS


AMIGOS, ESA ES LA PALABRA EXACTA, ÁNGEL;

NO BUSQUES MÁS EN EL DICCIONARIO DE LA RAE.

GOZA DE TODOS LOS QUE ACAPARASTE HASTA HOY

EN TU FECUNDO DEAMBULAR POR ESTE MUNDO,

LOCO, SÍ, PERO TUYO Y NUESTRO, Y MENOS LOCO COMPARTIDO.

 

RUMBO AL FUTURO PONEMOS CONTIGO

EN ESTE ACTO DE TU 70 CUMPLEAÑOS.

JUNTOS VAMOS, QUE TIEMBLE EL HORIZONTE,

AMPLÍESE EL PLAZO DE LA VIDA.

SOMOS AMIGOS Y ESO NOS DA DERECHO A MUCHAS ALBORADAS.

 

GOZA, SÍ, DE TUS AMIGOS, QUE AQUÍ ESTAMOS.

OTROS SE TE HABRÁN QUEDADO POR EL CAMINO.

NINGUNO PERDISTE, CREO, POR FALTA DE VIRTUD O CAUSA VANA.

ZAFARTE PUDISTE DE ALGUNO QUE PARECÍA Y NO ERA.

AHORA Y AQUÍ TIENES A LOS QUE TÚ HAS QUERIDO,

LOS QUE TAMBIÉN HEMOS QUERIDO QUERERTE.

ESTAMOS AQUÍ PARA AMIGARTE UN POCO MÁS TODAVÍA,

ZÁMPATE LA MIGA DE TANTO Y TAN BUEN AMIGO Y AMIGA.

 

PIENSA CUÁNTAS VIVENCIAS, EMOCIONES,

ANÉCDOTAS, SUCESOS, CHASCARRILLOS…,

LOCUAZMENTE HEMOS COMPARTIDO

EN TODOS ESTOS AÑOS TAN PRÓDIGOS EN AMISTAD.

NO MIRES MUCHO ATRÁS, SIN EMBARGO;

CENTRA TU ATENCIÓN EN EL FUTURO:

INVÍTANOS A OTRA COMIDA

ANTES DE CUMPLIR LOS CIEN.

 

                               ©Adrián San Juan, junio de 2026

Mi abrigo Rejas

Ayer, sábado 6 de junio, cumplió 70 años uno de mis mejores y más antiguos amigos, Ángel Rejas. Con tal motivo celebró una comida en el restaurante Trigo, de Leganés, en la que reunió a unos 50 amigos de todas sus etapas vitales. A los postres se leyeron textos y se entregaron regalos. He aquí el textículo que yo escribí para la ocasión y que leí ante el cumpleañero y los invitados:

MI ABRIGO REJAS

Mi abrigo Rejas es un tripo cojonudo; las dos cosas: cojo y nudo. No hay orto igual ni padrecido en todo el multiverso. Te cuenta unas histerias que te caes de culo. Y lo mejor de tordo es que no se las imprenta, kebab, sino que le han pasado de cerdad. Con él no te aburras, no, descuida.

En lo pezonal, es un tipo campichano, simpatético, extroinvertido, vitralista. Con gente así da busto, coño. Es uno de esos indivisos que a nadie dejan indigente, que siempre apotran algo con su particular forma de ser y estar, verbos copulativos y que se construyen, por tanto, con predicado nomianal.

En lo social, mi amigo Rajas es una penosa maravillosa, un ser de mar y luz. De Mariluz, sí. Y también de Juli, por supuesto. Por su puesto de esposa, quiero decir. Mi ambiguo Rejas es un hombre único, espacial, genital, un superdonato de la conversación, un hombre comprometido con sus ideas políticas, poéticas y patéticas; un luchachador incansable, un indialista en un mundo mezquino, un don Cipote moderno que no se arredra ante las casas perdidas y lucha a bazo partido contra los gigantes y contra los molinos de viento, de cuerda y de percusión.

Cuantos hemos tenido la porzuna de conocerle, nos sentimos inmensamente afrutados y queremos hoy darle mil grasas por todo lo que él ha aportado a nuestras birras. Así que, querido abrigo Rejas, grasas, grasas y más grasas de todo corazón. Es un auténtico placer estar hoy aquí con trigo (y encima en el restaurante Trigo) y contemplar en vivo y en directo tus 70 anos tan bien llevados.

                                       ©Adrián San Juan, junio 2026


jueves, 4 de junio de 2026

AL NACIMIENTO DE ALICIA (4 JUNIO 1996)

Hoy hace 30 años que soy padre. Aquí os dejo el poema que improvisé por aquellos días en mi agenda de profesor de instituto, posiblemente en algún recreo. Mucho he disfrutado de esta niña cuando era pequeña y la llamaba "Cucolotis" (porque era muy cuca y llevaba pañales Dodotis). Y mucho nos queda aún por vivir y disfrutar juntos. ¡Muchas felicidades, Alicia!

AL NACIMIENTO DE ALICIA

(4 junio 1996)

 

Has arribado a la playa

con la pleamar

y tus huellas en la arena

ninguna marea

las podrá borrar.

 

Coronaste el horizonte

justo al amanecer

y ha servido el sol naciente

de escaño para tus pies.

 

Has llegado hasta los campos

cuando grana el cereal.

¡Eres la mejor cosecha

                     que se podría soñar! 

viernes, 29 de mayo de 2026

Muerte de Lee Morgan (Trompetista norteamericano de Jazz. Nueva York, 19 febrero 1972)

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. 33 años tenías, la edad de Jesucristo; pero, claro, no tenías su virtud. Él redimía a las adúlteras y a las prostitutas. Tú eras un adúltero y te gustaban las putas. Desangrados moristeis los dos: él en una cruz, tú en un club de jazz. Su muerte dicen que sirvió para algo; para mucho, para redimir al mundo, nada menos. La tuya no valió para nada: otra muerte inútil que dejó llorando a las trompetas huérfanas.

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. La infidelidad tú la pusiste, el despecho tu esposa Helen; y la nieve, Nueva York. Helen te recogió de la calle cuando eras una piltrafa y estabas carcomido por la miseria y la heroína. Hasta habías empeñado la trompeta. Te metió en su casa, te metió en su cama, te metió en un centro de desintoxicación y hasta te arregló los dientes para que pudieras embocar bien la trompeta. Y cuando estuviste limpio, cuando volviste a ser un hombre y un músico privilegiado, a tu lado estuvo, vigilante, llevando tu carrera como manager, cuidando que cumplieras tus contratos, que no consumieras drogas y que alcanzases el máximo prestigio como trompetista de jazz. Y así fue, Lee. Con ella llegaste a ser el mejor. Los que querían subir al cielo acudían a escucharte. Y, para escucharte mejor, del cielo bajaban cada noche los 7 arcángeles y se camuflaban entre el público del club de jazz. Aunque se les podía reconocer, porque nunca pedían bourbon.

Eras el mejor trompetista de jazz, pero no eras el mejor marido, Lee. Traicionaste a Helen, que era mucho mayor que tú, que a lo mejor era ya vieja para ti porque te sacaba 13 años. ¿Cuántos años la sacabas tú a Judith Johnson, con la que estabas cuando te disparó Helen en el club Slug’s Saloon del East Village de Nueva York? A lo mejor no te considerabas un adúltero porque no os habíais casado. Pero ella era tu mujer a todos los efectos, eso no lo puedes negar, Lee. Ni tampoco puedes negar que te quería, Lee. Obraste mal, Lee. No quiero decir con esto que merecieras la muerte, Lee; solo que a lo mejor no merecías el amor.

Entre tres te mataron, Lee: la infidelidad, el despecho y la nieve. La infidelidad la pusiste tú. Te la sirvió en bandeja Judith Johnson, que era joven y guapa y alocada y divertida; pero la pusiste tú. El despecho le puso Helen, y bien puesto te le puso, en forma de balazo en el pecho. Y la nieve la puso Nueva York. La nieve que había ido cayendo lentamente y ahora hacía que la ambulancia avanzase por las calles lentamente mientras tú te desangrabas lentamente durante toda una lentísima hora.

Los 7 arcángeles, que habían bajado también esa noche a escucharte al Slug’s Club, te subieron al cielo. El más joven lloraba. Iba tarareando, como si tocase la trompeta, las notas de Melancholee.

lunes, 25 de mayo de 2026

Suicidios habituales

Todos los domingos después de misa saco un hueco para acercarme hasta el precipicio de Punta Blanca. Allí me siento sobre la roca viva, al borde, con los pies colgando sobre el abismo. Y en esa postura reflexiono sobre la vida y la muerte. Sobre la vida que me ha tocado morir y sobre la muerte que me ha tocado vivir.

Pienso en Alba, que se fue cuando más la necesitaba, con la excusa de que el pueblo se la quedaba pequeño. Pienso en Julián, mi mejor amigo, mi único amigo durante mucho tiempo, que al cabo me birló mi primera novia y mira que le dije cientos de veces en nuestras confidencias que era el amor de mi vida y ni por esas, o precisamente por eso, el muy cabrón. Pienso en Alfonso, que parecía un estupendo compañero de trabajo, y en realidad lo fue hasta que hubo reformas en la empresa y había que ascender a jefe a uno de nuestra sección y despedir a todos los demás. Se me agolpan en la memoria todos los puñeteros errores que he cometido a lo largo de mi vida y me contemplo solo y fracasado y sin perro que me ladre y sin chica que me bese y sin amigos que me inviten a su barbacoa.

Entonces siento tanto dolor y tanto desprecio por mí mismo que vuelvo los ojos a la espuma acogedora que bulle allá abajo, en el rompiente, y me arrojo al mar harto de todo y de todos.

Me mato, sí. Pero no lo suficiente. El lunes a las 8 en punto vuelvo a estar en mi puesto de trabajo para suicidarme de nuevo desangrándome poco a poco durante 40 horas semanales.

BLUES DEL INFIERNO

 


Si tienes un mal día

te conviene escuchar blues,

oír gemir a un negro

que no alcanza a ver la luz,

regodearte en su lamento,

¡a lo mejor por dentro

eres negro también tú!

 

Si bajas al infierno

verás a Belcebú

triste y acojonado

cantando solo un blues.

 

Si bajas al infierno

verás a Lucifer

solo y acojonado,

baja a cantar con él.

 

Si bajas al infierno

verás solo a Satanás,

allí te está esperando

que le marques el compás.

 

Si tienes un mal día,

si arrastras una cruz,

si la melancolía

es más fuerte que tú,

si en vez de vida, a cuestas

ya llevas tu ataúd,

no pierdas más el tiempo,

sumérgete en el blues.

 

Si bajas al infierno

verás a Belcebú

triste y acojonado

cantando solo un blues.

 

Si bajas al infierno

verás a Lucifer

solo y acojonado,

baja a cantar con él.

 

Si bajas al infierno

verás solo a Satanás,

allí te está esperando

que le marques el compás.

 

Si te tienen angustiado

tus problemas de salud,

si estás jodido en el trabajo,

sumérgete en el blues.

Si no te es fiel tu moza

y te corona la testuz,

si te van a echar del piso,

sumérgete en el blues.

 

Si bajas al infierno

verás a Belcebú

triste y acojonado

cantando solo un blues.

 

Si bajas al infierno

verás a Lucifer

solo y acojonado,

baja a cantar con él.

 

Si bajas al infierno

verás solo a Satanás,

allí te está esperando

que le marques el compás.

 

Si tu esposa te ha dejado

por golfo y por gandul,

si todo lo ves negro,

si ya no hay nada azul,

si te ladra hasta tu perro,

si todo es ingratitud,

si estás hecho una piltrafa

sumérgete en el blues.

 

Si bajas al infierno

verás a Belcebú

triste y acojonado

cantando solo un blues.

 

Si bajas al infierno

verás a Lucifer

solo y acojonado,

baja y canta con él.

 

Si bajas al infierno

verás solo a Satanás,

allí te está esperando

que le marques el compás.