jueves, 28 de agosto de 2025

VERBENA

 


No quiero ser yo el cenizo

que ponga fin a la fiesta:

si hay que bailar se baila

hasta cansar a la orquesta.

 

La orquesta toca muy bien

porque tiene mucho oficio,

y no como nosotros,

que bailamos de puro vicio.

 

Yo bailo a mi propio estilo

y así no me equivoco,

que quiero bailar la rumba

y me sale el pasoloco.

 

Y mientras bailo sin compás

miro con disimulo:

¡Jolín, qué bien menean

las chicas todas el culo!

lunes, 25 de agosto de 2025

Muerte de Hitler

El caudillo redentorista que arengaba a las masas encumbrado en un pedestal de delirios esconde ahora la cabeza en las profundidades de un búnker hecho a la medida de su ignominia. En él debe sentirse como en el paraíso, pues allí no hay judíos ni gitanos ni homosexuales ni discapacitados ni comunistas ni disidentes. Allí le rodean sus sirvientes, sus asistentes y sus correligionarios nazis más leales.

Quería mandar en el mundo y ya solo manda en el führerbunker. Ya sabe que ha perdido la guerra. Ya sabe que Himmler ha ofrecido a los Aliados la rendición y se siente traicionado. Ya sabe que Berlín ha sido ocupada y que el Ejército Rojo prepara el asalto a la Cancillería del Reich. Ya sabe que a Mussolini le han colgado por las patas los partisanos comunistas y han hecho escarnio con su cadáver, descuartizándolo y arrojándolo entre burlas a una alcantarilla. No quiere correr la misma suerte. Ya sabe que tiene que morir o afrontar las mayores indignidades de aquellos a los que odia y desprecia.

Decide morir, pero duda de las cápsulas de cianuro que le proporciona el médico de las SS y le da una a su perra Blondi, que muere al poco tiempo. Entonces prepara ya su final. Esa misma noche del 29 de abril de 1945 se casa con su amante Eva Braun —¿para qué? ¿para obligarla a suicidarse con él?—. Luego dicta a su secretaria su última voluntad y su testamento y hacia las 4 de la madrugada se retira a dormir. Al día siguiente, 30 de abril, tras el almuerzo, se despide del personal y ocupantes del führerbunker y entra con su reciente esposa en su estudio personal. Se oye un disparo. El ayudante personal de Hitler, Otto Günsche, entra al estudio y encuentra los dos cuerpos sin vida en el sofá. Eva yace con la mueca del cianuro en el rostro. Hitler se ha disparado en la sien derecha con su pistola PPK 7.65, que se encuentra a sus pies. Siguiendo las instrucciones escritas y verbales que el propio Hitler le ha dado, Otto se encarga de que los dos cuerpos sean llevados escaleras arriba y sacados por la salida de emergencia del búnker al jardín de la Cancillería del Reich, donde son quemados con gasolina y finalmente enterrados en el cráter de una bomba rusa que allí había caído recientemente.

Así acaban los delirios de grandeza de los psicópatas. Así concluyen los despropósitos de los dementes. El asesino se suicida. Pero ha causado la muerte de 17 millones de personas y no puede redimirlas con su sola muerte. No puede. No podría aunque resucitara y se volviera a suicidar 17 millones de veces seguidas.

domingo, 24 de agosto de 2025

POÉTICA

 


El poeta vive en las palabras

y con palabras acepta la muerte.

 

Sabe que decir “Te quiero”

es la forma más sencilla de amar;

y tragarse las palabras de odio,

el más generoso modo de perdón.

 

Palabra a palabra se yergue

su columna vertebral.

Si a un poeta le quitas las palabras

se desploma como si no tuviera huesos.

 

Ante una palabra reveladora

el poeta se queda embelesado,

absorto, temblando de emoción.

La inhala y la diluye en su sangre

y la integra en el magma de su alma;

y esa palabra, junto con otras, es parte de sí,

es él, porque él es un ser de palabras.

 

Si pudierais ver todas las palabras

que le corren a un poeta por las venas,

diríais: “¿Es esto sangre

o es un océano rojo de verbo?”

 

Como pez en el agua está el poeta

entre sus palabras.

Coge, por ejemplo, la palabra “bruma”

y se la pone en los labios y la besa

y se la lleva al paladar y la degusta

y el corazón le brinca de contento.

Como un cabritillo

trisca entre las palabras el poeta.

 

Pero el poeta verdadero no escupe

de su boca las palabras amargas

que le escuecen.

La poesía no es un juego

del que uno se retira cuando pierde.

Es una expresión excelsa de la vida

y si la vida se manifiesta

en toda su crudeza

hay que tragarse y digerir

todas esas palabras aciagas

que se nos pegan al ser

y también somos.

 

Y mientras otros, que no son poetas,

pervierten las palabras

y las usan para enmascarar el mundo,

el poeta, que no tiene más que un rostro,

desvela con ellas su mundo

sin engañar a nadie.

jueves, 21 de agosto de 2025

Muerte de Gengis Kan

Bendito año de 1227. Por fin la Parca se lleva a sus reinos a Temuyín, su ejecutor más eficiente, causante de la muerte de 40 millones de seres humanos, de los que nos descartó ni a ancianos ni a mujeres ni a niños.

El autoproclamado Gengis Kan, Rey del Orbe, pretendió unificar toda la tierra bajo su mandato y en ese empeño megalómano fue arrasando campos y asaltando ciudades campaña militar tras campaña militar hasta adueñarse de un inmenso imperio, el más extenso que la historia ha conocido; un imperio, eso sí, conquistado sin piedad a fuego y sangre, construido mediante la destrucción, fundamentado en la masacre. Para segar la vida de 40 millones de personas nada como la guerra.

Ahora el guerrero descansa en paz. O eso pretende. Para que nadie turbe su reposo, para que nadie profane su tumba, dejó decretado que el lugar de su enterramiento fuera secreto y dictó órdenes precisas para ello. Una comitiva funeraria de dos mil esclavos, escoltada por mil aguerridos jinetes, traslada el cuerpo desde Xia Occidental, donde Gengis Kan ha muerto de peste bubónica, hasta Mongolia, su patria. Para que no quede vestigio de su paso, los mil despiadados guerreros van aniquilando a todo aquel que tiene la desgracia de cruzarse en su camino, ya sea hombre o mujer, niño o anciano.

Llegados al destino, se inicia la ceremonia fúnebre. 40 caballos y 40 doncellas son sacrificadas para honrar al difunto y enterradas junto a su cadáver. Una vez sellado el sepulcro y celebradas las honras fúnebres, la escolta de mil guerreros cumple su cometido, que es aniquilar a todos los asistentes a la ceremonia, desde los constructores de la necrópolis hasta los enterradores, sacerdotes y dignatarios asistentes, junto a los dos mil esclavos de la comitiva. Así nadie podrá desvelar el emplazamiento de la tumba. Solo ellos. 

Pero ellos tienen órdenes muy precisas y han sido escogidos por su lealtad inquebrantable. Galopan con sus mil caballos por toda el área durante lo que queda del día y toda la noche hasta el amanecer para apelmazar la tierra y que no quede ni el más mínimo vestigio de la tumba. Luego se alejan cabalgando durante otro día entero hasta hallar un bosquecillo que parece un oasis en medio de la estepa y al anochecer se internan en él y se inmolan en grupo, llevándose con ellos el secreto del enterramiento.

Hicieron bien su trabajo. Ni los profanadores de tumbas que anhelan los tesoros del ajuar funerario ni los historiadores y arqueólogos que buscan la fama científica han logrado dar con el cadáver del más cruel y mayor proveedor de cadáveres de toda la historia de la Humanidad. O Inhumanidad.

domingo, 17 de agosto de 2025

El empedrador tedioso


Pues sí, hombre, sí, yo soy de un pequeño puerro de la provincia de Segovia, que se llama Coca y no llega ni a dormir habitantes, pero tiene mucha importancia histriónica. Y no porque allí se fabrique ningún refresco de cola, no, que eso es cosa de los amerindios, sino porque tiene más de mil asnos, que ya existía en época almorrana y se llamaba Cauca.

 

¿Sabe usted quién fue Tedioso I el Glande? Fue un empedrador romano muy importonto porque impuso el cristianismo como religión oficinal y dividió el Amperio entre Oriente y Accidente. Pues ese tío tan cojo y nudo nació en mi puerro.

 

En mi puerro estaba precisamente en el ano 378, cuando le llamó el empedrador Graciano para encagarle la defensa de Mesia frente a la invasión de los gordos. Y fue pallá y los dio pal pedo.

 

Este tío debía de tener un par de cajones bien puercos, así que en el 379 fue nombrado arbusto con potestad en Oriente, comenzando su peinado sobre aquella parte del Amperio. Venció a los visigordos y pactó con su rey Atanarico la instalación de este puerco germánico en Mesia como federados del Improperio (es decir, alelados bárbaros a los que se encomendaba la defensa de la frontera). Luego transmitió el título de arbusto a su hijo Arcadio, con lo que estableció una nueva dinastía imperial, que de momento ranaría solo en Oriente.

 

Tedioso fue el empedrador que adoptó el castolicismo como religión oficinal del Amperio, prohibiendo el arrianismo y los bultos paganos.

 

Mi paisano se proclamó oficialmente empedrador de Orinete y de Occidente en el ano 394. Pero las diferencias esculturales, ecomónicas y políticas entre los perritorios accidentales (controlados desde Roma) y los orinales (controlados desde Constantisopla) eran ya demasiado grandes como para que resultara vinagre la unidad. Tedioso había recoñocido esta realidad dejando la herencia imperial dividida entre sus dos pijos: Arcacadio en Oriente y Hononorio en Occidente. Y al ano siguiente se murió.

 

Así que fíjese usted qué tío más conejudo salió de mi puerro para mandar en medio mudo. ¡Viva Coca Cola, cuña de empedradores! Por cierto, ¿y usted de qué puerco es?

sábado, 16 de agosto de 2025

PUTO MUNDO

 


Y esto es lo malo del puto mundo:


que solo se pueden compartir la prosperidad y la dicha con los generosos para que no te esquilmen los aprovechados,

 

que solo se puede amar a los amables para que los odiosos no pudran todo tu amor en tres segundos,

 

que solo se puede vivir en paz con los pacíficos porque los violentos te llevarán antes o después al conflicto y convertirán la convivencia en una guerra perpetua,

 

que solo se puede confiar en los honrados, que son tan pocos, a menos que uno quiera estar a merced de los estafadores, que tantos son;

 

que hay que escoger a los amigos con microscopio para no infectarse de parásitos y para que sirvan también los días laborables y no solo los fines de semana.

 

Pero qué hacemos con tanto avaricioso que anda suelto y maquinando a ver cómo nos roba la calidad de vida y la esperanza,

 

qué hacemos con tanto fanático que nos quiere someter a su conciencia pulverizando la nuestra, y con tanto intransigente que nos recrimina nuestra manera de vivir y nos juzga y nos sojuzga,

 

qué hacemos con tanto insociable insaciable que no se cansa de incendiar la convivencia y goza con el desorden y se recrea en el caos,

 

qué hacemos con tanto delincuente de barrio bajo y tanto sinvergüenza de coche oficial que estando a nuestro servicio se sirve de nosotros para asegurar el patrimonio de sus tataranietos a costa del futuro de nuestros hijos,

 

qué hacemos con tanto corrupto que nos esquilma la vida, qué hacemos, ¡pordiós!, qué hacemos si no queremos convertirnos en criminales, qué narices podemos hacer si cuanto mejor persona intenta ser uno más indefenso y desvalido se encuentra en este puto mundo al que nadie redime.

 

viernes, 8 de agosto de 2025

Luciérnaga


En la lejanía brillaba una estrella y yo la miraba cada día desde el porche. Soñaba.

Hasta que una noche un destello diminuto apareció entre la yedra de mi jardín. Era una luciérnaga y pude cogerla y tenerla entre mis manos.

Cada noche salgo ahora al jardín mirando entre la vegetación a ver por dónde anda mi luciérnaga. Prefiero una luz más pequeña, pero viva, a una estrella lejana que sé que se apagó hace millones de años.


DÍA CONTRA DÍA

 


            Día contra día

            voy viviendo poco a poco,

            racionando la alegría

            para no volverme loco.

 

            Minuto contra minuto

            respiro sin hacer ruido,

            no se despierte ese bruto

            al que por fin he dormido.

 

            Y aunque me veáis ajeno

            al barullo del mundo,

            mi corazón late pleno

            segundo contra segundo.


sábado, 2 de agosto de 2025

Conversación en la librería Visor

—Buenos días. Buscaba algo de poesía actual, pero de calidad, no esas moñerías que han puesto de moda los advenedizos de instagram y otras redes sociales, que quieren hacer poesía diciendo cuatro bobadas en lenguaje coloquial sobre cualquier tontería de la mañana o de la tarde, sin transcendencia ninguna, como el vuelo de una mosca.

—Hombre, del vuelo de una mosca hizo un poema muy bueno Antonio Machado.

—¡Toma ya! Es que don Antonio era un poeta de categoría. Don Antonio Machado podía hacer un poema sobre las moscas y hasta sobre los insecticidas si le diera la gana, y sería bueno. Estos quieren hacer poemas de la colonia que se echan por la mañana y del cafelito que se toman a media tarde y eso no puede ser, narices. La poesía tiene que llevar en su seno algo de transcendencia; si no, es vulgar conversación en formato monólogo. Estos escriben, los mejores, como si estuvieran hablando con su abuela mientras hace ganchillo, y los peores, como si estuvieran de cháchara por teléfono con su prima Mari. Yo busco algo con más enjundia. ¿Lo tiene usted?

—¿Conoce a Eduardo Rico?

—Conozco a Francisco Rico, por su Historia y crítica de la literatura española, en 9 volúmenes, más 9 suplementos, que me tocó estudiar en la carrera, que hice filología hispánica. Ahí la tengo en casa, en sitio de honor en la librería del salón.

—No, este también es Rico, pero de otra familia más pobre.

—Cuénteme.

—Acaba de publicar un poemario buenísimo que se titula El ángel bicéfalo. Yo lo leí anoche y todavía estoy impactado. Si a usted le gustan las imágenes audaces, pero con fundamento, este es su poeta.

—Imagino que las imágenes son lo que más me gusta en poesía. En poesía sin imaginación y sin imágenes no hay más que lo que decíamos antes, la tontería de la obviedad de la expresión directa de lo cotidiado, como por ejemplo:

        Qué rico me sabe este cafelito que bebo a sorbitos

        mientras contemplo a sorbitos también

        tus ojitos de color café con miel.

—Sí, vomitivo la verdad. Dan ganas de no volver a probar el café. Y de no volver a mirar a nadie a los ojos.

—Pues claro, hombre.

—Pues nada, llévese usted El ángel bicéfalo. Y si no le gusta, quéjese al autor, que pone en el libro su correo electrónico (no sé si el suyo o el de su pez) porque le gusta el trato directo con el lector. Aunque ya le digo yo que si no le gusta este poemario, retírese usted ya de una vez por todas de la poesía, porque no va a encontrar nada mejor.

—Hosti, me pone usted encima una espada de Damocles pistonuda.

—No se preocupe, hombre, que le va a encantar.

—Dios le oiga, porque estoy ya un poco desesperado de tanto leer morralla.

—Aquí le tiene. ¿Se le envuelvo?

—No hace falta. Esto me lo leo yo en el metro de aquí a mi casa. Y si me gusta, ya lo releo de madrugada con más calma.

— Pues ahí tiene, caballero.

— Espere. Póngame otro, que se le voy a regalar a mi amigo Adrián, que también es aficionado y tiene buen criterio (aunque es algo menos exquisito que yo), y así luego comentamos.

— Pues marchando dos. Por el precio de dos se lleva usted cuatro cabezas angelicales. Si le apetece, cuando lo lea, pásese por aquí y me deja su opinión. Se lo agradecería. Así podré aconsejar mejor a otros lectores.

— Pues voy a hacerlo, sí señor. Quédese con el cambio, por el buen asesoramiento.

viernes, 1 de agosto de 2025

VENTOLERA

 


A viento late mi corazón.

Necesita la brisa de la mañana

y el vendaval del atardecer.

 

Es un molino de aspas rojas.

Es una veleta clavada en mi pecho.

Es un vilano de sangrante semilla.

 

Necesita un soplo que le avive,

víscera de fuego, fuego de carne,

encarnizado músculo de humanidad.

 

Es un vencejo planeador de campanarios.

Es un remolino que asciende

circunvalando la ternura.

 

Necesita un aliento que acaricie sus pétalos,

meza sus estambres

y esparza su aroma.

 

Es un velero de insondable singladura

con ansia infinita de mares.

¡Subid a bordo y desplegad todas sus velas!